Junta de Castilla y Leon
Junta de Castilla y Leon


Memoria Histórica

Ermita de Santa Cecilia

FOTOEl edificio y su entorno

El edificio y su entorno

© Fundación Santa María la Real - CER

No conocemos ninguna referencia documental anterior al siglo XIV que hable de la localidad de Vallespinoso. El primer testimonio nos lo proporciona el Becerro de las Behetrías, que habla de Valdespinoso como lugar solariego de Don Tello y perteneciente al alfoz de Aguilar.

.

FOTOVista del Interior

Vista del Interior

© Fundación Santa María la Real - CER

HISTORIA Y DOCUMENTACIÓN
La primera referencia al edificio aparece en la Estadística de la Diócesis de Palencia de 1345, publicada por San Martín Payo, que cita en Valde Spinoso la eglesia de santa zecilla.
El templo, en estado ruinoso y convertido en ermita tras la construcción de la iglesia parroquial, fue declarado Monumento Histórico-Artístico en 1951 y restaurado por la Dirección General de Bellas Artes en 1958. Actualmente se encuentra cerrado al culto siendo la turística su única función.

ARQUITECTURA:
La iglesia se construyó en sillería arenisca de talla regular bien dispuesta que va reduciendo su tamaño en altura. Las cubiertas, el muro septentrional y el hastial occidental fueron restaurados en 1958 a raíz de su estado de ruina, reutilizándose en lo posible la sillería original. El remate de la torre adosada al muro sur fue también restaurado implantando una falsa cúpula de ladrillo revocada con hormigón que simula sillería.
La planta consta de nave única rematada por cabecera compuesta de presbiterio rectangular y ábside semicircular. El acceso se efectúa a través de una portada abierta en el muro sur y protegida por una especie de patio delimitado por un muro prolongación del hastial y la estructura de la torre. Esta última aparece adosada entre la portada y el hemiciclo absidal, y presenta planta cuadrangular en su base y circular desde una altura de 4’5 metros hasta su remate. Su carácter no está muy bien definido, pues al mismo tiempo que alberga la escalera de caracol que comunicaba con la espadaña -que se erguía sobre el triunfal- parece sugerir una función defensiva. Viene a apoyar esta interpretación el hecho de que el acceso a la escalera de caracol se realice desde el interior del edificio y a una cierta altura, lo que hacía imprescindible la utilización de una escalera de mano. Un pasillo abovedado da paso al exterior del ábside, el cual articula su tambor en tres calles delimitadas por sendas columnas entregas cuyos capiteles alcanzan la cornisa, integrándose en la línea de modillones decorados que la soporta. En cada paño del ábside se abre una ventana, bajo cuyo alféizar corre una imposta que lo divide así en dos cuerpos. Las ventanas son de medio punto, abocinadas con derrame interno y externo, con chambrana decorada. Presentan así mismo una sencilla moldura esculpida en el intradós del arco.
En el interior, el arco triunfal, apuntado y doblado, aparece decorado con una hilera de dientes de sierra. Descansa sobre una pareja de columnas adosadas con capiteles historiados, cimacios esculpidos y basas de perfil ático con lengüetas y garras. Estas columnas apoyan en un alto zócalo que se prolonga a modo de banco corrido por todo el perímetro del presbiterio. La importante diferencia de alturas entre la nave y el presbiterio se salva mediante seis escalones. La nave, cubierta con cañón apuntado en gran parte fruto de la restauración, descarga su primer arco fajón sobre columnas adosadas que presentan también capiteles y cimacios esculpidos sobre alto pedestal. Los dos restantes arcos fajones de la nave descansan sobre ménsulas simplemente molduradas. El ábside se cubre con bóveda de cuarto de esfera, y el presbiterio con cañón apuntado. Interiormente el hemiciclo aparece recorrido por dos sencillas molduras esculpidas, una bajo el cuerpo de ventanas y la otra a la altura del arranque de la bóveda. El perímetro interior del presbiterio aparece articulado por dos arquerías ciegas trilobuladas, de dovelaje cuidadosamente engatillado, que apoyan en columnas, dobles las centrales y simples las de los lados. Este tipo de arcadas sigue el esquema de las vistas en Barrio de Santa María, Zorita del Páramo, La Asunción de Perazancas, Villanueva del Río o en la cántabra iglesia de Santa María de Piasca.

 

FOTOPortada

Portada

© Fundación Santa María la Real - CER

ESCULTURA:
La iglesia presenta, como es habitual, una portada abierta en el muro sur de la nave, protegida así de los fríos vientos del norte. Se abre en un antecuerpo saliente y presenta seis arquivoltas molduradas con baquetones entre medias cañas, excepto la tercera que muestra una decoración a base de grandes hojas de palma vueltas y con puntas rematadas en molinillos, en gran parte restauradas. Las jambas y columnas que recogen las arquivoltas apoyan sobre un alto pedestal, necesario debido al desnivel que presenta el terreno sobre el que se asienta la iglesia.
La decoración de los capiteles, al igual que ocurre con los cimacios -en gran parte restaurados y con decoración vegetal de entrelazos-, forma una banda continua que desborda el marco de las cestas para extenderse a modo de friso a ambos lados de la puerta. De izquierda a derecha aparecen representadas las siguientes escenas: en el friso de la parte izquierda y sobre fondo vegetal vemos un dragón de larga cola enroscada mordiendo el escudo de un infante ataviado con cota de malla, el cual le asesta un golpe con su espada. En los dos primeros capiteles se desarrolla el combate de dos centauros afrontados entre follaje; sigue un capitel vegetal finamente calado y otro, muy deteriorado, con dos serpientes aladas. A continuación, una representación del avaro con la bolsa de monedas al cuello, acompañado por un diablo de cabellos llameantes. El último capitel muestra un difunto sobre el lecho mortuorio tras el cual un sacerdote levanta un libro en la mano derecha y señala al yacente con la izquierda. A su lado, un ángel sujeta un caballo. Como señala García Guinea pudiera tratarse de una representación de la extremaunción. Sobre la jamba, se desarrolla el tema de la psicostasis: San Miguel junto con otro ángel pesa en una balanza un alma mientras que el diablo se aferra a uno de los platillos. La iconografía de estos tres últimos relieves trae a la memoria la del capitel del avaro en uno de los capiteles de la galería porticada de Rebolledo de la Torre (Burgos).
En el lado derecho de la portada encontramos la representación de las Tres Marías ante el sepulcro vacío siguiendo el esquema tradicional que muestra a las mujeres portando los óleos en sus manos veladas y al ángel que, situado en la cabecera del sarcófago, anuncia la resurrección de Cristo. A continuación aparecen dos enigmáticas figuras: una, masculina y vestida con túnica que le cae hasta los pies, parece dirigirse con su diestra al ángel vecino y porta un bastón o cetro con la otra; le acompaña una mujer que se lleva las manos al pecho. Ya sobre el primer capitel de este lado izquierdo vemos a dos personajes vestidos con ropas talares portando un libro y simétricamente dispuestos a ambos lados de una estilizada hoja de borde lobulado. Sigue una cesta vegetal con alargadas hojas lobuladas que acogen brotes en sus puntas y ramillete central y, en el siguiente, una pareja de arpías afrontadas de colas enroscadas, relieve éste bastante deteriorado. Completan la decoración de los capiteles dos vegetales de palmas muy ramificadas y entre ellos uno figurado con dos personajes barbados realizando con sus manos alzadas mostrado las palmas un gesto de respeto y sosteniendo grandes manojos de llaves. Sobre el friso de la parte derecha de la portada vemos un grupo de nueve personajes en actitudes diversas cuya identificación resulta sumamente compleja, tanto por lo complicado de la composición como por lo desgastado del relieve. En algunos parece clara la referencia a actividades agrícolas, como en el caso del primero de ellos, que porta una especie de mayal. El siguiente sujeta un calderillo o cestillo y un objeto cortante, posible referencia a labores de vendimia, mientras su compañero maneja un objeto oblongo que pudiéramos interpretar como un personaje vertiendo el vino de un odre al barrilillo, como en la portada de Beleña de Sorbe (Guadalajara). Mayor dificultad ofrecen los dos siguientes personajes, el primero removiendo en una especie de escudilla y el segundo sosteniendo un objeto alargado. El personaje de su derecha, acompañado de otra figura de reducidas dimensiones y muy perdida, aparece ante una mesa repleta de manjares realizando un gesto de bendición con su diestra (índice y corazón extendidos). Concluyen la escena dos figuras, separadas por una especie de columna, la extrema tocada con capirote y en actitud de calentarse. El conjunto de personajes, salvo el de menor tamaño junto al comensal, forman un grupo coherente, todos vestidos con túnica a excepción del rústico tocado con capucha, quien porta un sayón. El canon de las figuras es algo achaparrado y se presentan bien descalzos bien con puntiagudos calzados. Si las atribuciones avanzadas se confirmasen estaríamos aquí ante un fragmentario mensario, del tipo del citado en Beleña de Sorbe.
Los canecillos que soportan las cornisas presentan perfil de proa de barco salvo en el presbiterio y ábside, donde aparecen profusamente decorados con motivos geométricos (perfil de nacela y nacela con dos rollos), vegetales (acantos de puntas rematadas por molinillos), animalísticos (ave de pescuezo vuelto con una serpiente enroscada, tipo que vemos igualmente en Piasca, águila y león) y representaciones humanas (una priápica y otra de un músico tocando la viola con arco).

FOTO

© Fundación Santa María la Real - CER

Las ventanas absidales reciben igualmente decoración. Las laterales, que carecen de columnas, presentan chambrana ornada con friso de hojas caladas vomitadas por un dragón y un basilisco. La central se decora con mayor profusión y observamos así en los cimacios hojarasca del tipo de la vista en los de la portada. El arco, por su parte, recibe un friso de acantos con profundas acanaladuras y rematados en molinillos y la pareja de capiteles que lo reciben se decoran respectivamente, el izquierdo con una pareja de grifones afrontados y enlazados por una banda de contario, y el derecho con dos arpías masculinas también afrontadas y tocadas con capirote. Los capiteles que coronan las columnas entregas del ábside son vegetales, decorados con dos niveles de acantos uno y con hojas lobuladas y de puntas entrecruzadas el otro, ambos encuentran sus equivalentes en la galería porticada de Rebolledo de la Torre.
Ya en el interior, la imposta que recorre todo el perímetro del ábside por encima del nivel de las ventanas presenta un motivo ornamental de entrelazo vegetal. Esta imposta se extiende por los muros del coro con el mismo motivo ornamental.
La arquería que orna los muros laterales del presbiterio presenta dos series de tres capiteles. El capitel central del lado del evangelio se decora con tres figuras bajo complicadas arquerías trilobuladas con decoración vegetal tipo ataurique. La figura central, muy deteriorada en su parte inferior, parece portar una bolsa al cuello y aparece encadenado por una gruesa argolla sujeta a una cadena y una cuerda de las que tiran dos seres antropomorfos de rasgos grotescos y garras de ave, ambos muy deteriorados. García Guinea veía aquí una posible representación del alma encadenada por el pecado mortal, en este caso la avaricia, estableciéndose pues una conexión con la iconografía de los capiteles de la portada. Sea como fuere, el esquema compositivo recuerda al habitual en las representaciones del Señor de los Animales o personaje dominando bestias. En las caras laterales de la cesta aparecen, también bajo arquillos, dos aves rapaces. El capitel sencillo del lado derecho presenta dos personajes ataviados con túnicas dominando leones, en una disposición que recuerda fuertemente la de otro de la ventana central del ábside de Piasca. Cada personaje se dispone en una de las caras visibles de la cesta, aparentemente sentados, e introduciendo sus manos en las fauces de tres leones, en Vallespinoso el central casi perdido. Tema de difícil interpretación, presenta paralelos con otros de San Zoilo y Santiago de Carrión de los Condes. El capitel del lado izquierdo presenta el motivo del jinete vestido con larga túnica en actitud de partir que sujeta las bridas de su montura y se retorna hacia atrás, cubriéndose el resto de la superficie con tres hileras de hojas de acanto y volutas en los ángulos. Tanto la figura del jinete como la del caballo se encuentran bastante deterioradas. El mismo motivo aparece en un capitel de la iglesia del monasterio de Santa María de Aguilar (hoy en el MAN), donde el caballero porta corona y realiza un gesto de saludo o despedida, así como en la portada occidental de Piasca, en la catedral vieja de Salamanca, etc. Su interpretación no aparece del todo clara, aunque pudiera relacionarse tanto con el ciclo davídico como con la iconografía del caballero victorioso. Nave
En cuanto a los capiteles de la arquería del muro sur del presbiterio, el doble central, extraordinariamente fino y bien conservado, se decora con dos rodetes de hojas de acanto con puntos de trépano y dispuestas en espiral que parten de un tallo único anudado en su base y acogen en el centro del molinillo sendas flores octapétalas. La composición, con el cuidado contrapeso de las hojitas anudadas en la parte baja de la cesta, la calidad de la labra y el cuidado efecto de los calados nos pone ante una de las realizaciones más refinadas de la escultura de fines del siglo XII. El modelo compositivo directo pudo venir del claustro aquilarense (capitel hoy en el MAN), aunque a éste la impronta estilística borgoñona le confiera un aspecto menos geometrizado que al de Vallespinoso. El motivo gozó de un indudable éxito y aparece así repetido en idéntica ubicación y con sorprendente similitud en la  arquería interna de Santa María de Piasca y algo más distorsionado en la de Villanueva del Río Pisuerga. El capitel del lado izquierdo se decora con dos filas de palmetas de puntas vueltas recibiendo los dados del ábaco pentapétalas tipo lises inscritas en cuadrados. Nuevamente encontramos un paralelo en el interior de la iglesia cántabra de Piasca. En el capitel del lado derecho se afrontan dos grifos en posición rampante enredados en tallos.
Las ventanas del ábside reciben al interior decoración similar a la externa: banda de entrelazo vegetal las laterales y chambrana decorada con dos filas de ovas entre bandas de contario que apoyan en una pareja de capiteles, vegetal de dos niveles de hojas lobuladas dispuestas en sentidos contrapuestos y cimacio con aves entre tallos por lo que respecta al izquierdo y el combate entre un dragón y una especie de león enredados entre follaje el derecho, similar éste a otro del ventanal izquierdo del ábside de Santa Eulalia de Barrio de Santa María.
El arco de triunfo reposa sobre una pareja de capiteles cuidadosamente esculpidos. El correspondiente al lado del evangelio presenta la tan repetida iconografía de Sansón desquijarando al león, siguiendo el modelo visto en la iglesia de Santa María de Aguilar de Campoo (maestro de los capiteles de Moarves) y repetido en la galería porticada de Rebolledo de la Torre, Santa María de Henestrosa de las Quintanillas (Cantabria), Prádanos de Ojeda, Dehesa de Romanos, etc. Vemos en el frente del capitel al héroe bíblico, vestido con túnica corta y con cabellera recogida por un lazo (como en Aguilar y Rebolledo) cabalgando y apartando las fauces del animal. Tras él, en la cara que mira al altar, aparece un enigmático personaje, posiblemente femenino, que sostiene con ambas manos la cola del felino, como en Aguilar y Rebolledo, aunque en ocasiones aparezca cortando la cola del león (así en Prádanos y Cezura). Su presencia, frecuente en la zona palentina, burgalesa y santanderina, no encuentra justificación en el texto del Libro de los Jueces. Lo mismo ocurre con la figura del guerrero vestido con cota de malla y armado con un escudo oblongo, mordido como en el relieve de la parte izquierda de la portada por la serpiente alada con la que lucha. En este caso es más manifiesta la falta de conexión entre la figura del infante y la escena de Sansón que en otros ejemplos como Moarves, Cozuelos, Prádanos o Dehesa de Romanos en los que uno o varios personajes atacan frontalmente a la bestia. El estilo y ciertos detalles decorativos, como las palmetas en los ángulos y el friso de arquillos que decora la parte alta de cesta y ábaco ponen en íntima relación éste relieve con el de los capiteles de Aguilar, Rebolledo y Henestrosa.
El capitel frontero se decora con cuatro estilizados grifos afrontados y rampantes dos a dos, enredados entre cintas con decoración de contario y volutas en los ángulos. Guarda cierta similitud con uno de los capiteles de la ermita del Cristo de Torre Marte en Astudillo, relacionándose íntimamente con uno del triunfal de Henestrosa e igualmente con otros de Dehesa de Romanos y Villanueva de la Torre. Los cimacios reciben un friso de geometrizados acantos de profundas acanaladuras.
El análisis de las relaciones estilísticas de la escultura permite asignar un marco cronológico relativamente preciso para la construcción de la iglesia, entre mediados de los años 70 y finales de los 80 del siglo XII, basándose en las dataciones más o menos seguras de Santa María de Piasca, iglesia y claustro de Aguilar y pórtico de Rebolledo.

Autores del Texto: José Manuel Rodríguez Montañés - Pedro Luis Huerta Huerta

Enciclopedia del Románico - Fundación Santa María la Real