Junta de Castilla y Leon
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Memoria Histórica

Iglesia de San Pedro

FOTOVista general del templo

Vista general del templo

© Fundación Santa María la Real - CER

Durante los siglos románicos, numerosas propiedades en Verbios pertenecieron al patrimonio del monasterio premonstratense de Santa María la Real de Aguilar de Campoo.

 

 

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FOTOPlanta del edificio

Planta del edificio

© Fundación Santa María la Real - CER

HISTORIA Y DOCUMENTACIÓN
Algunas aparecen consignadas en 1184 como adquiridas de Urraca Petrez y sus hermanos Gonzalo, Lope Garci, Elvira y Estefanía por 40 maravedís. En 1203 el monasterio compraba otra heredad en Verbios a Pelayo Martínez, su hija Marina y sus nietos García y Urraca por 20 maravedís. Otras compras de tierras y prados se documentan en 1229 a Sancho Melena, Diego Viejo y Mari García, mujer de Diego Viejo. En 1284 Fernando García donaba al monasterio lo que heredó de sus suegros Roi Díez Bueso y Marina en Cillamayor, Matabuena, Matamorisca, Bustillo, Verbios, Villanueva de Pisuerga y otros lugares sobre el Pisuerga desde Brañosera.
Durante el siglo XV Verbios perteneció al feudo de Doña Aldonza, condesa de Casteñeda y señora de Aguilar, quien en su testamento señala que estas tierras del valle de Santullán, donde tuvo cuarenta vasallos, fueron anteriormente de Juan de Linares.

ARQUITECTURA
El templo se eleva en sillería local de veta rojiza que ha sufrido numerosas modificaciones en las que se reaprovecharon sillares de talla románica. Presenta planta basilical con dos naves de diferente anchura, divididas por un par de arcos formeros apuntados y doblados que apoyan sobre pilares cruciformes.
Los testeros son rectos, con contrafuertes angulares, comunicados en el interior por un arco apuntado sencillo y separados de las naves mediante un arco triunfal apuntado y fasciculado en la cabecera de la epístola y de medio punto doblado en la del evangelio.
El ábside de la nave del evangelio es la parte más antigua del edificio y constituye el único resto de cronología románica que se conserva. Aunque en origen pudo contar con dos naves, la cabecera de la epístola y el muro meridional donde se abre la portada de acceso, son reconstrucciones posteriores.
Ambos ábsides estuvieron cubiertos con crucería octopartita sobre ménsulas, aunque debido a un incendio en la década de 1940, el más moderno se reconstruyó con techumbre de madera, similar a la presente en las naves, plana la más ancha y a una sola vertiente la más estrecha. La espadaña, en los pies de la nave septentrional tiene, como es habitual en el norte de la provincia, dos troneras en el cuerpo inferior y otra superior rematada a piñón. Las escaleras para acceder a este cuerpo de campanas son exteriores, con dos tramos que ocupan el ancho de la nave más meridional.

FOTOVista del interior

Vista del interior

© Fundación Santa María la Real - CER

ESCULTURA
Sólo aparece en el testero románico de la iglesia y en algunos canecillos dispersos. En el exterior de la cabecera se abre un vano de medio punto con dos arquivoltas, una con tres molduras aboceladas, la otra abilletada que apoya sobre columnillas de capiteles figurados con arpía y águila de alas esplayadas respectivamente. El derrame superior de la ventana está decorado con tres dobles círculos de estrellas inscritas, motivos geométricos que también se repiten en los capiteles de las columnas del arco triunfal. Constan éstas de gruesos fustes y basas áticas cuyo toro es sogueado que descansa sobre plinto alto adornado con una hilera de dientes de sierra.
Los capiteles tienen un ancho collarino con seis molduras de bocel en una columna y cuatro en la otra y encima, los dobles círculos con las estrellas de distintas puntas ya mencionadas y, otros con botón central, espiral, estrella con círculo interior y esvásticas. En un caso tiene un solo círculo en cada una de las tres caras y en el otro dos en el frente. Los cimacios lisos se prolongan en línea de imposta con filas de rombos, pequeños o grandes, según el sillar, a lo largo del muro norte del testero, el único que no ha sufrido modificaciones.
Los canecillos son muy esquemáticos, algunos portan una voluta sencilla o doble en ocasiones, una cruz aspada con anillo en la intersección, un ancho cilindro horizontal con uno más fino vertical. Otros son zoomórficos como una cabeza o dos animales afrontados luchando, de difícil caracterización.

Enciclopedia del Románico - Fundación Santa María la Real