
Vista general del templo © Fundación Santa María la Real - CER
A simple vista puede tratarse de un débil argumento; sin embargo hay otro indicio documental que nos permite asegurar con más fuerza que la Villa Noua de la documentación hace referencia a la actual Villanueva de la Torre. En 1198 dos hermanos, Gonzalo y Diego Rodríguez -que aparecen en otros documentos como habitantes de Villanueva- venden al abad Andrés y al monasterio de Santa María de Aguilar de Campoo tierras en varios lugares: en Sant Illan, in Berbios, et in Villa Noua, et in Bustiello, et in Monasterio, et in Sancta Maria de Nauas, o lo que es lo mismo los actuales, Santullán, Verbios, Bustillo, Monasterio y Santa María de Nava, lugares todos ellos muy cercanos a Villanueva de la Torre. Considerando, pues, que se trata de Villanueva de la Torre, podemos afirmar que el monasterio de Aguilar de Campoo posee heredades en esta villa desde principios del siglo XI (1039), aunque será en 1175 cuando Alfonso VIII conceda a dicho monasterio la villa en toda su integridad.
Las compras, donaciones y ventas de tierras o heredades de este villa hechas por particulares al monasterio aquilarense o viceversa a lo largo del siglo XIII son abundantes, destacando la venta -efectuada en 1233- del palacio que Gonzalo Ruiz de Barruelo y su mujer María Pérez poseen en dicha villa, palacio cuyos restos podrían encontrarse en la casa solariega a la que hacíamos referencia cuando hablábamos del emplazamiento.
Perteneciente al alfoz de la villa de Aguilar de Campoo y al dominio del monasterio de Santa María la Real (desde 1175 y confirmado -entre otros- por Pedro I en 1351), la catedral de Palencia también poseía rentas en esta villa, al menos en 1213.
Pero si del pueblo podemos llegar a conocer algo de su existencia medieval, no ocurrirá lo mismo respecto al templo de Santa Marina. Tan solo en algún que otro documento, y como testigos, nos queda constancia de la existencia de sacerdotes (1198) y clérigos (1259) que nos hablan -entre líneas- de la existencia de un edificio religioso en este lugar.
ARQUITECTURA
La iglesia parroquial de Villanueva de la Torre, bajo la advocación de Santa Marina, presenta una disposición básica en planta muy generalizada no sólo en el románico palentino sino en el español en general: nave única, ligeramente mas ancha en la zona de los pies, rematada por un ábside semicircular -y no poligonal como afirma Rodríguez Muñoz- precedido por un tramo presbiterial trapezoidal. Tan solo la torre-campanario adosada a sus pies -que también aparecerá en Matalbaniega y en las burgalesas de Vizcaínos de la Sierra y Jaramillo de la Fuente- rompe con el tipismo de su planta, genuinamente románica. Exteriormente es de resaltar el armonioso escalonamiento volumétrico de las partes que forman el conjunto: torre, nave y cabecera.
La fábrica de la nave se alza en sillería irregular bien dispuesta que tan solo es visible exteriormente. Una capa de enlucido sobre la fábrica de muros y bóvedas se encarga de ocultarla al interior. El templo se divide en tres tramos más o menos similares mediante arcos fajones que descansan sobre simples pilares, se cubre con bóvedas de crucería simples o cuatripartitas resultado de reformas posteriores. En época moderna (probablemente finales del XIX) se adosó al muro norte la actual sacristía de planta cuadrangular a la que se accede interiormente por una puerta abierta en el primer tramo de la nave. Adosado al muro sur aparece el atrio moderno con cubierta que apea sobre un pie derecho hexagonal con zapata superior de madera. Este sirve de cobijo a la portada que se abre en el segundo tramo de la nave. Esta portada -que sin duda no es la original- presenta arco de medio punto con simple arquivolta de baquetón, muy sencilla y sin decorar, y sobre ella existe un óculo que ilumina el interior de la nave.
El templo contó, muy probablemente, con un planteamiento que a priori no incluía la torre, erigida en un segundo momento también románico lo que dilata el proceso constructivo del conjunto. No hemos de olvidar que estos edificios -también denominados de cajón por Bango Torviso- pese a su sencillez arquitectónica, se erigen por término medio en un intervalo de tiempo que no baja nunca de treinta o cuarenta años y responden, según este mismo autor, a formas tradicionales que por pura inercia se van a mantener en lo popular durante años y aun siglos en algunas regiones.
ESCULTURA
La decoración del templo se reduce tan solo a elementos esculpidos en piedra, ya que no se conservan restos de policromía muraria. Como es norma, esta se concentra en lugares muy específicos del edificio.
Así, en el interior del ábside aparece en diversos puntos. En el extradós del arco que forma el cuarto de esfera, posee una moldura en forma de punta de diamante, mientras que en la ventana del paño central aparecen dos capiteles con ábaco decorado con línea incisa en forma de dientes de sierra y cesta con esquemáticos grifos afrontados de labra muy sencilla. Bajo esta misma ventana una imposta, resaltada con el motivo ornamental ya visto de dientes de sierra planos y excisos, recorre el ábside en toda su longitud.
Por su parte, el extradós del arco triunfal posee una moldura decorada con puntas de diamante. En cuanto a los capiteles, con cimacio liso, presentan distinta decoración: en el lado del evangelio aparecen dos cestas con hojas de acanto de talla torpe y estilizada flanqueando otra con cuatro grifos afrontados de largos cuellos que giran hacia sus espaldas, el fondo se rellena con motivos vegetales de tallos entrelazados. Se trata en definitiva de una talla muy semejante al capitel de la nave de la epístola de Santa Cecilia de Vallespinoso de Aguilar y a otras cestas del atrio de Rebolledo de la Torre (Burgos) y de Las Henestrosas (Cantabria). En el lado de la epístola existen otros dos capiteles con rudos motivos de acantos que flanquean otra cesta con el archipresente tema bíblico de Daniel en el pozo de los leones. Su factura recuerda a García Guinea el
trabajo del autor de la portada de Vallespinoso de Aguilar. Las basas (nos referimos solo a la semicolumna central puesto que en las laterales sólo se aprecian simples cortes prismáticos) presentan moldura superior recta, escocia y toro con decoración en forma de dientes de sierra. También lleva una especie de bola o piña y el plinto es bajo y poco saliente. Evidentemente, el relieve de estos capiteles del triunfal es mucho más acentuado y de mejor oficio que el de los capiteles del ventanal absidal, más toscos y esquemáticos propios de canteros de segunda fila.
En cuanto al exterior del edificio, la nave presenta canecillos prismáticos, en forma de proa de nave sin decoración esculpida. En el ábside y presbiterio los canes son simples modillones y curiosos temas itifálicos (personajes sentados y desnudos, con la mano derecha apoyada sobre la mejilla en actitud pensativa o sentados con la mano sobre el pecho y simples cabezas). Por encima de los canecillos corre una cornisa decorada a base de semiovas, motivo presente también en edificios cántabros (Piasca) y burgaleses (Rebolledo de la Torre) del último cuarto del siglo XII.
La ventana del tramo sur del presbiterio posee arquivolta de puntas de diamante e imposta con motivos triangulares excisos similares a los del interior del ábside. Los capiteles muestran figuras de grifos afrontados tocándose con la punta de sus picos (el del lado izquierdo es una reposición mimética moderna), y las basas, toro liso.
La ventana absidal central presenta guardapolvo decorado en su exterior con triángulos excisos y puntas de diamante. Otra imposta decorada con puntas de diamante se extiende, a lo largo del hemiciclo absidal, hasta los fustes de las columnas entregas (cuyos capiteles ofrecen decoración vegetal de hojas de acanto muy sencillas y basas con triángulos excisos muy deterioradas) dividiendo verticalmente el ábside. Los dos capiteles de esta ventana central vuelven a repetir el tema de los grifos, sus basas son sencillas con escocia y toro liso a excepción de dos líneas incisas paralelas que recorren su perímetro.
Tanto los canecillos del ábside como los del presbiterio son de fecha muy tardía, ya dentro del periodo de disolución del románico, al igual que las hojas de acanto de los capiteles exteriores del ábside y del arco triunfal.
La decoración exterior del ábside dinamiza enormemente el paramento, característica ésta genuinamente románica, mediante el juego vertical-horizontal de columnas e impostas con predominio de formas geométricas. Una estética geometrizante en contacto con el núcleo aquilarense y el atrio burgalés de Rebolledo de la Torre que sugiere el recuerdo de tradiciones ornamentales propias del sudoeste galo.
IMAGINERÍA
La iglesia posee en su interior un retablo con una serie de figuras en madera policromada que no presentan una unidad cronológica, destacando sobre todas una imagen del siglo XVI de la Virgen. En el segundo tramo de la nave se abrió un nicho de cierta profundidad, bajo un arco escarzano y rebajado albergó la pila bautismal. En el muro norte observamos un pequeño retablo del XVI. Señalar por último que en el ábside una pequeña peana sustenta la imagen de la Virgen sentada con el Niño, de madera policromada, que muy bien pudiera datarse a finales del XIII o principios del XIV, sin duda es la pieza de imaginería de mayor valor artístico que conserva el templo.
Autor del Texto: Artemio Manuel Martínez Tejera
Enciclopedia del Románico - Fundación Santa María la Real