Junta de Castilla y Leon
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Memoria Histórica

Monasterio de Santa María

FOTOCabecera del templo.

Cabecera del templo.

© Fundación Santa María la Real - CER

Los orígenes de Mave, en el antiguo territorio de los turmogos, se remontan a la época romana.

 

 

 

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FOTOColumnas y capiteles de la portada.

Columnas y capiteles de la portada.

© Fundación Santa María la Real - CER

HISTORIA Y DOCUMENTACIÓN

Según Navarro, cerca del monte Cildá, junto al Pisuerga, se hallaron 16 lápidas romanas en los cimientos de una muralla de mampostería que defendía la cumbre fortificada, así como numerosos testimonios numismáticos, cerámicos y restos arquitectónicos. En época visigoda Mave fue centro de acuñación de moneda y del lugar provienen bronces litúrgicos estudiados por el profesor Palol. La Crónica de Alfonso III cita la localidad como una de las reconquistadas por Alfonso I a mediados del siglo VIII, participando de los primeros movimientos expansivos del reino astur hacia el sur. Este monarca fundaría en Mave un priorato benedictino, dentro de la política de consolidación y repoblación que afectó a la zona ya en la segunda mitad del siglo IX. Según el P. Yepes estaban sujetos a Mave San Juan de Gormaz, San Juan de Rebolledo, Santa María de Domo David, Santa Eulalia de Villela, San Pedro de Valdecal, Santa María de Matarrepudio y San Juan de Montenegro. Todos ellos pasaron, junto a Mave, a depender del de San Salvador de Oña desde su fundación por el conde de Castilla Sancho García en 1011. En la carta de fundación del cenobio burgalés publicada por Juan del Álamo se cita la ecclesiam Sancte Marie de Maf, cum integritate entre las posesiones con las que se dotó a San Salvador. Oña abrazó la observancia de Cluny en 1033. El 5 de julio de 1121 Doña Urraca ratificó la donación del monasterio de Mave -que era de patronato regio- al de Oña, tras algunos años de separación por causas que desconocemos.

Bajo el reinado de Alfonso VIII el abad de Oña Don Pedro II concede en préstamo a Doña Sancha Jiménez el monasterio de Santa María de Mave, Montenegro y el convento de Santa Eufemia (doc. de 1 de junio de 1192). Sancha Jiménez, tras haber dotado todo su patrimonio a Oña quiso hacerse hermana y devota. El abad de San Salvador le dio en agradecimiento el patrimonio antes señalado, que esta Sancha restauró y dotó en 1206, reintegrándolo al abad Don Rodrigo de Oña una vez construida la iglesia, en 1208. Este documento constituye un precioso testimonio, complementario de la inscripción del interior de la iglesia, para situar con precisión su construcción entre los años 1200 y 1206/8.

Mave siguió activo y como priorato dependiente de Oña hasta la Desamortización de 1835. Uno de sus monjes quedó a cargo de la ya parroquia. Hoy día la iglesia es propiedad privada y las dependencias monásticas han sido transformadas en hostal.

 

EXCAVACIÓN ARQUEOLÓGICA

En la década del setenta se excava al pie del ábside de la iglesia de Santa Mª de Mave, hallándose una serie de sepulturas medievales de lajas. Posiblemente existía en niveles inferiores testimonio de otras de cronología visigoda que no llegaron a excavarse. A pocos metros hacia el muro norte del templo llegó a sondearse una villa o poblado romano que ofreció sigillatas de los siglos I-III, restos de muros y algunas monedas.  

 

FOTONave central, vista desde el crucero.

Nave central, vista desde el crucero.

© Fundación Santa María la Real - CER

ARQUITECTURA

La iglesia del antiguo monasterio de Santa María de Mave se conserva en su estado primitivo salvo la apertura de un acceso meridional, la adición de una sacristía adosada al brazo sur del transepto y la pérdida de parte de sus cubiertas.

Presenta planta basilical de tres naves con tres tramos, el doble de ancha la central, transepto no destacado en planta y cabecera triple de ábsides semicirculares - el central mayor y destacado respecto a los laterales - precedidos por un tramo recto, el conjunto levantado en sillería de arenisca blanda (weald local) y tono rojizo, siendo visibles las reparaciones posteriores en sillarejo y mampostería. Los fajones de las capillas presentan alternancia bícroma (tonos rojizos y amarillentos) en su dovelaje.

Al exterior los tambores de los ábsides presentan contrafuertes, una pareja en el caso del central, que llegan hasta la altura de las ventanas, rematándose en talud y dejando paso a unas finas pilastras que alcanzan la cornisa, donde se coronan por sendas parejas de modillones decorados con acantos. Los contrafuertes de los ábsides laterales alcanzan aproximadamente dos tercios de la altura del tambor. El esquema general de la cabecera y ciertos detalles como la maciza linterna sobre el crucero recuerdan la iglesia de Santa Eufemia de Cozuelos, relación entre fábricas justificada por un mismo patronazgo en ambas. Sería presumible adoptar una cronología algo más antigua para la cabecera y crucero que para el resto de las naves.

Delimitan las naves tres parejas de pilares cruciformes con semicolumnas adosadas en cada frente (salvo para los formeros de las colaterales), recibiendo los fajones y formeros, apuntados y doblados, que delimitan los tres tramos longitudinales de las naves y los brazos del transepto. La portada se sitúa en el hastial, algo elevada respecto a las naves, por lo que se dispusieron escaleras hacia éstas. Ante ella y al exterior se dispuso una especie de atrio, cerrado por una puerta del siglo XVI. Sobre el hastial se alza la espadaña, de dos cuerpos decrecientes, el inferior liso y el superior superpuesto al anterior mediante un talud, albergando dos vanos para campanas rematados por arcos doblados de medio punto que adornan su intradós con un bocel.

Uno de los rasgos más característicos de la arquitectura de la iglesia de Santa María de Mave es el sistema de cubrición de sus naves. La central recibe tres tramos de bóveda de cañón apuntado separados por fajones igualmente apuntados y doblados. Lo más llamativo es la presencia de bóvedas de cañón de eje normal al del templo en los dos tramos occidentales de las colaterales, sólo conservados en la de la epístola (la nave norte, así como el tramo occidental de la sur han perdido sus bóvedas, sustituidas por cubiertas de madera a un agua). El tipo de bóvedas de eje normal al de la nave, estudiado por Torres Balbás, no es frecuente en España, limitándose el inventario a los templos de San Miguel de Almazán (Soria), Santa Mª de Villanueva (Asturias) y Santa Mª de Oya (Pontevedra). El esquema fue importado de Francia, donde esta fórmula se constata en Saint-Philibert de Tournus, Saint-Remi de Reims, la abadía de la Ronceray de Angers y sobre todo en el grupo de abadías cistercienses de la zona central y centro-oriental: Fontenay, Silvanés, Bonneval, Trois-Fontaines, Saint-Paths, etc. Las coincidencias más sorprendentes se producen entre nuestra iglesia y la nave de la borgoñona de Saint-Georges de Néris-les-Bains (Allier); estas semejanzas, ya señalada por Torres Balbás, se extienden a los capiteles vegetales de las naves. Podemos pues conjeturar que, cuando a inicios del siglo XIII Sancha Jiménez decide reconstruir la iglesia, el proyecto será concebido por un equipo de origen francés, posiblemente borgoñón, que trasplanta al norte palentino modelos desarrollados por la arquitectura cisterciense borgoñona. Esta procedencia foránea de los canteros explica la fórmula de datación - no hispana - recogida en la inscripción que se desarrolla sobre dos de los sillares del paramento interno del hastial (nave del evangelio): ANNIS MILLENIS CONPLETIS ATQVE DVCENTIS. El tipo de abovedamiento impide la iluminación directa de la nave central, aunque dota al conjunto de cubiertas de una extraordinaria estabilidad.

Por su parte, los brazos del transepto se cubren con cañón apuntado, al igual que los tramos rectos que preceden a los ábsides, los cuales se cierran con las tradicionales bóvedas de horno. Sobre el crucero se alza una linterna octogonal, cubierta por cúpula semiesférica, de perfecto despiece de sillares, sobre trompas con trompillones lisos, cimborrio que se manifiesta al exterior como torre cuadrada, en cuyos paños se abren saeteras del mismo tipo que las de las colaterales. La cúpula sobre el crucero es fórmula conocida en la región, así en San Martín de Frómista, Zorita del Páramo, Nogales de Pisuerga y Olmos de Santa Eufemia. Las columnas adosadas a los pilares presentan perfiles diversos pero todas se componen de un toro superior atrofiado, escocia en algunos casos muy estrecha y prominente toro inferior decorado con garras o lengüetas. Como variantes aparecen en algunas toros inferiores muy aplastados y el plinto sobre el que se alzan presenta un bisel. A destacar el cambio de morfología de los pilares que soportan los fajones de la nave central a un metro escaso de la imposta, pasando a semicolumnas adosadas.

Las dependencias del antiguo monasterio - claustro neoclásico y edificaciones conventuales - son esencialmente modernas, abundando las inscripciones que datan trabajos en el último cuarto del siglo XVIII.

DECORACIÓN ESCULTÓRICA

La escultura del templo se reduce a los capiteles vegetales de la portada y los que rematan los pilares de las naves, estos últimos muy sencillos y formados por anchas hojas de agua, algunas de bordes vueltos y otras con pomos en sus puntas, que albergan bayas y ramilletes en el frente del capitel. Tres molduras animan el interior del ábside central, la primera a ras de suelo, la segunda bajo las ventanas (sucesión de cavetos y boceles) y la última (bisel) sobre éstas. Las cornisas exteriores se decoran con taqueado, retícula, hojas inscritas en círculos, palmetas, rosetas, cuadripétalas en clípeos vegetales (que recuerdan a otras molduras de Piasca, Rebolledo de la Torre y Pozancos), etc. Sostienen el alero una hilera de canes, bastante perdidos en los ábsides laterales, la mayoría vegetales (piñas, acantos) o lisos aunque vemos también uno compuesto por un rollo, otro de doble rollo, un cuadrúpedo, dos contorsionistas, un personaje tocando un extraño instrumento de viento (idéntico al que tañe otro personaje en un canecillo absidal de Lomilla o al que aparece en la portada de Moarves), etc.

Bajo el altar actual se recoge un enorme capitel compuesto de dos filas de hojas de bordes vueltos, con apomados y caulículos en los ángulos. Procede de la cercana y arruinada Granja de Valdecal desde donde se trasladó en la década de 1960, algunos de cuyos capiteles se conservan en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. De la misma procedencia son algunas molduras con taqueados que sirven de peana a varias tallas exentas en el muro interior del ábside semicircular central.

La portada abierta en el hastial, en un antecuerpo ligeramente saliente flanqueado por dos contrafuertes que alcanzan el primer cuerpo de la espadaña. El vano presenta un arco apuntado al exterior (escarzano hacia la nave) rodeado por cuatro arquivoltas molduradas, igualmente apuntadas. La arquivolta interna presenta una línea de dientes de sierra y bocel, la segunda dos pequeños boceles entre medias cañas, la tercera repite el esquema de la primera y por último la externa se orna con un grueso baquetón. Apoyan las arquivoltas en capiteles vegetales (ocho por lateral) de talla muy plana y clara inspiración andresina, finamente decorados con acantos y hojas rematadas en cogollos y cálices florales. Sus astrágalos aparecen unidos. Los capiteles de la portada de Mave han sido relacionados por José Luis Hernando con los modelos andresinos tipo IV-VIII. A la fuerte atracción ejercida por los diseños vegetales de Arroyo en gran número de monumentos románicos tardíos palentinos - dentro de los cuales se ha considerado siempre nuestra portada - se suma en Santa María de Mave una aportación del taller que trabajó en la sala capitular de San Salvador de Oña. La relación ha sido establecida por José Luis Senra quien ve en Mave un punto de encuentro entre las canterías directamente ligadas a Arroyo y la irradiación de los modelos del cenobio burgalés. 

Destacar por último en la portada la ausencia de las tradicionales jambas en derrame, sustituidas por muros lisos en derrame en los que las columnas se disponen por pares y oblicuas al eje de simetría de la portada, salvo las dos parejas internas, que se adosan a las jambas del arco. La decoración de dientes de sierra de la primera arquivolta aparece sintomáticamente en los monumentos de la región relacionados con San Andrés de Arroyo: Santa Eufemia de Cozuelos, Villavega de Aguilar, portada de San Andrés de Aguilar, Cenera de Zalima, Revilla de Santullán y la misma portada del claustro de Arroyo.

FOTOPinturas murales en el ábside (antes de la restauración)

Pinturas murales en el ábside (antes de la restauración)

© Fundación Santa María la Real - CER

EPIGRAFÍA

Reaprovechados entre los muros orientales del recinto claustral moderno aparecen restos muy rasurados de tres inscripciones medievales. Probablemente se trata de epitafios (al menos una de ellas con la data legible del 1112 referida al óbito de una tal Elvira) que presentan caracteres muy arcaicos recordando la escritura visigótico-mozárabe.

           

REVESTIMIENTOS PICTÓRICOS

Los ábsides laterales presentan interiormente revestimientos pictóricos tardomedievales (siglos XV-XVI) en tonos cobalto, rojos y blancos con decoración de entrelazos , aves, flores acorazonadas, flordelisados, blasones (de Castilla y otros eclesiásticos con llaves cruzadas) y angelotes. En el casquete del ábside del evangelio se distinguen restos de un Calvario. La iconografía correspondiente del lado de la epístola no se distingue debido al estado de conservación de los restos.

 

IMAGINERÍA Y MOBILIARIO LITÚRGICO

Actualmente el templo se encuentra desprovisto de prácticamente todo su mobiliario litúrgico. No obstante en el Museo de la Catedral de Burgos se conserva un frente de altar tardo-románico construido en madera de nogal policromada, publicado por Walter Cook y José Gudiol. Fue trasladado a la capital burgalesa a inicios de los años 20 con motivo de una exposición retrospectiva sobre arte religioso y permaneció en el claustro catedralicio -expuesto a los rigores del clima y de las humedades- hasta medio siglo después. Consta de dos cuerpos, el inferior o antipendio rectangular y dividido en dos registros, con un apostolado bajo arcos levemente apuntados con remate almenado y en el centro una mandorla con Cristo Juez rodeado por el Tetramorfos (figuras ya desaparecidas en 1939). El cuerpo superior se remata en piñón y se divide en tres pisos. En el centro, bajo arco trilobulado aparecía una talla de la Virgen que según Navarro habían llevado, sin razón suficiente, a la sacristía. En los registros laterales se desarrollaban, bajo arcos igualmente trilobulados escenas bíblicas y del ciclo de la Natividad. Entre ellas distinguió Navarro los temas de Zacarías, Anunciación, Natividad, Virgen con el Niño y Epifanía. Remataba el altar un Calvario con ángeles turiferarios a los lados. Este frente de altar, datable estilísticamente a principios del siglo XIII, presenta semejanzas iconográficas con otro de procedencia desconocida conservado en el M.A.N. y reproducido por Cook y Gudiol (fig. 477)

En el altar mayor se conserva un Crucificado de talla -siglo XVII- y una pequeña talla de la Virgen con el Niño sobre sus rodillas que podemos datar en el siglo XIV. La Virgen porta en su mano una manzana y el Niño, en actitud bendicente, un cetro. El resto de la imaginería lo componen tres escayolas modernas representando a San Roque, el Sagrado Corazón de Jesús y una Inmaculada. Los modernos retablos aún visibles en las fotografías de García Guinea, han sido desmontados.

Navarro García recogía en Mave una cruz procesional de cobre, esmaltada, de las de Limoges () conserva los medallones de Dimas y Gestas y el Adán redimido a los pies. Afirma que el Cristo original fue sustituido por uno renacentista. Por la escueta descripción del autor podemos imaginar una cruz del tipo frecuente en Burgos y Palencia, de cuatro brazos flordelisados, como las conservadas en Rebolledo de la Torre, Traspeña, Corvio, Castrecías, etc.

La pila bautismal, ubicada en la capilla del evangelio presenta forma troncocónica sencilla. Es monolítica y su borde aparece ornado con dos acanaladuras entre las cuales se disponen representaciones muy esquemáticas de peces y de semicírculos. Data del siglo XV, según Navarro García. Las improntas del instrumento de labra acotan bien una datación en torno a los siglos XV-XVI aunque sus esquemáticas decoraciones sugieren una cronología anterior.

 

Autor del texto: José Manuel Rodríguez Montañés

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