
San Cristóbal Mártir © Fundación Santa María la Real
Como el caserío, el templo se adapta a la notable pendiente sobre la que se instala el núcleo. El bello ejemplar de iglesia rural, acorde con las características de esta área norteña de las Merindades, conserva en lo fundamental su fábrica románica, levantada en buena sillería. Consta de nave única dividida en tres tramos por semicolumnas adosadas que exteriormente se corresponden con estribos prismáticos, lo que hace pensar en una primitiva cubierta abovedada -hoy sustituida por moderna parhilera- que partía de imposta achaflanada decorada con rombos excisos.
La cabecera se compone de tramo recto presbiterial cubierto con bóveda de medio cañón y ábside semicircular cerrado con bóveda de cuarto de esfera -interiormente recubierta como el hemiciclo por el retablo-, ambas sobre impostas. Al exterior, el tambor absidal, de la misma anchura que el presbiterio y acoplado a él mediante un contrafuerte que recoge los empujes laterales de las bóvedas, articula sus paramento en tres paños por otros dos estribos prismáticos de remate en talud bajo la línea de canes de la cornisa. En la calle central se abría la hoy cegada ventana que daba luz al altar, de arco doblado de medio punto sobre semiembutidas columnas acodilladas coronadas por toscos capiteles de cestas troncopiramidales, decorado el izquierdo con esquematizadas hojas cóncavas bajo línea de dientes de sierra y el derecho con dos toscas aves afrontadas, bajo cimacios de retícula romboidal. Dos líneas de imposta animan este paramento invadiendo la superficie de los estribos; la inferior, bajo el alféizar de la ventana, se orna con tres hileras de billetes y la superior, sobre el arco de dicho vano, recibe cenefa romboidal excisa. La cornisa que corona el ábside -recorrido por notables grietas que evidencian el desnivel de los asientos-, decora su perfil achaflanado con la hilera de rombos excisos recurrente en buen número de templos del entorno (Turzo, Condado de Valdivielso, Butrera, Huidobro, Quintanilla-Colinas, Castrillo de Valdebezana,…). Se apoya en toda la cabecera en una hilera de simples canes rectos, de nacela, con rectángulos escalonados y otros rudamente labrados con un águila de alas desplegadas -diseño reiterado en las citadas iglesias del norte de Burgos y sudoeste de Cantabria-, un ave de grueso cuerpo, un torpe busto humano, etc.
Al interior, da paso desde la nave a la cabecera un arco triunfal doblado de medio punto sobre semicolumnas coronadas por capiteles vegetales, ambos prominente astrágalo y cesta ornada con dos pisos de hojas lanceoladas de cuyas puntas penden gruesas piñas. El cimacio del correspondiente al lado del evangelio se decora con rosetas tetrapétalas inscritas en clípeos y el del lado del evangelio con florones lobulados ocultos tras el encalado.
El cuerpo del templo, como antes dijimos probablemente en origen abovedado, sufrió el añadido de una sacristía en el costado septentrional (cuyo acceso significó la supresión de la semicolumna del tramo más oriental de la nave) y un atrio cerrado al oeste, amén del cambio de la cubierta. Estas reformas modernas, de cronología imprecisa pero claramente postmedievales, responden probablemente a los problemas derivados de la falta de ortogonalidad de la nave, cuyo muro meridional converge hacia la zona de los pies. Su cornisa, decorada con cinco filas de menudos billetes, apoya canes lisos y otros figurados con un cánido pasante de largas y finas patas, un prótomo de zorro devorando una irreconocible presa y un personaje de medio cuerpo y someros rasgos que ase su muñeca derecha con su mano izquierda, actitud que en el lenguaje gestual se asocia al dolor y desesperación. En uno de los de apenas insinuada nacela de la fachada meridional se grabó, a todas luces con posterioridad, una indescifrable inscripción.
Autor del Texto: José Manuel Rodríguez Montañes
Enciclopedia del Románico - Fundación Santa María la Real