
Eremitorio de San Pedro
Vista general del Eremitorio © Fundación Santa María la Real
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El origen del lugar quizá haya que ponerlo en relación con el impulso repoblador que experimentaron estas tierras próximas al Ebro en torno a los siglos IX y X, surgiendo entonces una serie de monasterios y pequeños núcleos de población organizados en torno a modestas iglesias, muchas de ellas excavadas en la propia roca.Con el paso del tiempo algunas de estas construcciones se abandonaron mientras que otras se reformaron o ampliaron para acomodarlas a los nuevos usos litúrgicos, como parece que ocurrió con el eremitorio de Argés.
La iglesia rupestre de san Pedro de Argés es uno de los ejemplares más sobresalientes de la provincia. Está situada a orillas del Ebro, junto la carretera que va de Incinillas a Manzanedo, y se asciende hasta él por un pequeño sendero que arranca desde la misma calzada. En este privilegiado lugar, ubicado a unos 30 m de altura, se excavó aprovechando la ductilidad de la roca arenisca un templo de dos naves de desiguales dimensiones rematadas en ábsides curvos y separadas en origen por tres arcos formeros apoyados sobre pilares. A pesar de los derrumbes sufridos en una parte importante de la estructura se puede apreciar todavía que ambas naves se cubrían con bóvedas de cañón divididas en tres tramos por medio de arcos fajones igualmente tallados en la propia roca.
La nave principal, de dos tramos, se remata con una cabecera de menor altura formada por un tramo recto cubierto con bóveda de cañón y un ábside más o menos semicircular cubierto con una bóveda de horno apuntada que arranca al nivel del suelo. Esta capilla se abre a la nave por medio de un arco rebajado -retallado- que está cobijado por otro mayor de medio punto. Conserva algunos elementos propios de la arquitectura altomedieval que parecen estar en relación con la práctica de la vieja liturgia hispánica, como los restos de tres canceles sucesivos: uno en el tramo curvo, otro bajo el arco triunfal y otro coincidiendo con el inicio de la nave. Se observan igualmente tres credencias excavadas en las paredes del presbiterio y del testero, así como los mechinales dejados por algunas vigas de madera que a buen seguro soportaban cortinajes. En el centro de la nave se excavó un receptáculo o fosa rectangular que bien pudo ser un enterramiento posterior o una especie de pila bautismal, mientras que en la zona de los pies, junto a la antigua puerta meridional, se acotó un espacio de menor altura que la nave separado de ésta por medio de dos arcos de herradura ya desaparecidos. Esta dependencia era una capilla funeraria con dos tumbas antropomorfas excavadas sobre un alto pedestal.
Autor del texto: Pedro Luis Huerta Huerta
Enciclopedia del Románico - Fundación Santa María la Real