Junta de Castilla y Leon
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Memoria Histórica

Eremitorio de San Pedro

FOTOVista general del Eremitorio

Vista general del Eremitorio

© Fundación Santa María la Real

Su nombre (Faracjes) aparece documentado por primera vez en 1237 entre los lugares en que tenía propiedades el monasterio de Rioseco. A mediados del siglo XIV, según el Libro Becerro de las Behetrías, pertenecía a don Pedro Fernández de Velasco, aunque todavía tenían allí dos solares los abades de Rioseco y San Martín de Elines. 

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FOTOEremitorio de San Pedro

Eremitorio de San Pedro

© Fundación Santa María la Real

 El origen del lugar quizá haya que ponerlo en relación con el impulso repoblador que experimentaron estas tierras próximas al Ebro en torno a los siglos IX y X, surgiendo entonces una serie de monasterios y pequeños núcleos de población organizados en torno a modestas iglesias, muchas de ellas excavadas en la propia roca. Con el paso del tiempo algunas de estas construcciones se abandonaron mientras que otras se reformaron o ampliaron para acomodarlas a los nuevos usos litúrgicos, como parece que ocurrió con el eremitorio de Argés.
La iglesia rupestre de san Pedro de Argés es uno de los ejemplares más sobresalientes de la provincia. Está situada a orillas del Ebro, junto la carretera que va de Incinillas a Manzanedo, y se asciende hasta él por un pequeño sendero que arranca desde la misma calzada. En este privilegiado lugar, ubicado a unos 30 m de altura, se excavó aprovechando la ductilidad de la roca arenisca un templo de dos naves de desiguales dimensiones rematadas en ábsides curvos y separadas en origen por tres arcos formeros apoyados sobre pilares. A pesar de los derrumbes sufridos en una parte importante de la estructura se puede apreciar todavía que ambas naves se cubrían con bóvedas de cañón divididas en tres tramos por medio de arcos fajones igualmente tallados en la propia roca.
La nave principal, de dos tramos, se remata con una cabecera de menor altura formada por un tramo recto cubierto con bóveda de cañón y un ábside más o menos semicircular cubierto con una bóveda de horno apuntada que arranca al nivel del suelo. Esta capilla se abre a la nave por medio de un arco rebajado -retallado- que está cobijado por otro mayor de medio punto. Conserva algunos elementos propios de la arquitectura altomedieval que parecen estar en relación con la práctica de la vieja liturgia hispánica, como los restos de tres canceles sucesivos: uno en el tramo curvo, otro bajo el arco triunfal y otro coincidiendo con el inicio de la nave. Se observan igualmente tres credencias excavadas en las paredes del presbiterio y del testero, así como los mechinales dejados por algunas vigas de madera que a buen seguro soportaban cortinajes. En el centro de la nave se excavó un receptáculo o fosa rectangular que bien pudo ser un enterramiento posterior o una especie de pila bautismal, mientras que en la zona de los pies, junto a la antigua puerta meridional, se acotó un espacio de menor altura que la nave separado de ésta por medio de dos arcos de herradura ya desaparecidos. Esta dependencia era una capilla funeraria con dos tumbas antropomorfas excavadas sobre un alto pedestal.

FOTOEremitorio de San Pedro

Eremitorio de San Pedro

© Fundación Santa María la Real

La nave del evangelio se conserva prácticamente entera aunque es de menores dimensiones. A diferencia de la anterior, su capilla carece de canceles y se cubre con una bóveda de cuarto de esfera. Presenta también una especie de zócalo o mesa de altar excavada en el tramo semicircular.
Estas manifestaciones rupestres plantean grandes problemas a la hora de fijar su cronología pues en la mayor parte de los casos han llegado hasta nuestros días en un estado de conservación muy deficiente, motivado unas veces por el derrumbe de su estructura y otras por el use que han recibido en época más reciente, especialmente como refugio de transeúntes. En el caso del eremitorio de San Pedro, también conocido como "Cueva de los gitanos" creemos que se excavó en dos campañas diferentes, siguiendo así la opinión vertida en su día por Monreal Jimeno que realizó un estudio detallado del mismo. El primitivo habitáculo altomedieval comprendía únicamente el espacio correspondiente a la nave de la epístola y a su cabecera que se comunicaban probablemente a través de dos pequeños arcos de herradura apoyados en un soporte central, según se desprende de la curvatura que presenta en sus extremos el actual arco triunfal. Esta solución debía de ser muy parecida a la que hoy podemos ver en el eremitorio palentino de San Pelayo de Villacibio. En torno al siglo XII, tal vez por las necesidades del culto o por el aumento de los parroquianos, se añadió la nave del evangelio al tiempo que se reformaba también el ábside de la anterior y el mencionado arco triunfal. Esta nueva fase se realizó tratando de imitar sobre la roca los elementos constructivos propios de los edificios románicos de cantería, de modo especial las bóvedas con fajones, al estilo por ejemplo de lo que se puede ver en Olleros de Pisuerga.

Autor del texto: Pedro Luis Huerta Huerta

Enciclopedia del Románico - Fundación Santa María la Real