Junta de Castilla y Leon
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Ermita de San Vicente


Becerril del Carpio

Ermita de San Vicente

FOTOAbside de San Vicente

Abside de San Vicente

© Fundación Santa María la Real

Según García Guinea, la historia de esta puebla es poco precisa y no sabemos ciertamente cuáles fueron sus orígenes, pero es muy probable que se tratase de una de esas iniciales pueblas, o poblaciones, que se originaron en estos siglos de la Alta Edad Media como consecuencia del proceso de repoblación.

 

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FOTOEntorno de Becerril del Carpio

Entorno de Becerril del Carpio

© Fundación Santa María la Real

 

Aparece alguna noticia en la colección diplomática de San Salvador de Oña. Navarro afirma en su catálogo, al igual que Rodríguez Muñoz, que en 1103 Alfonso VI y su mujer cedieron a los benedictinos de Oña su Monasterio de San Vicente cerca de Becerril. Por otro lado el padre Serrano nos dice que con anterioridad, concretamente el 1 de mayo de 1092, estando el rey en Oña, amplía el patrimonio monasterial de esta abadía con el antiguo convento de San Vicente de Becerril, en el alfoz de río Pisuerga, existente ya en el siglo X. García Guinea constata que se trata de este San Vicente de Becerril del Carpio, y asevera que al ser dos documentos casi contemporáneos (1092-1103) no es extraño que la entrega de este monasterio por parte de Alfonso VI conste en dos versiones. Para Guinea este documento marcaría el inicio de las obras del ábside de la iglesia, tal vez algunos años más. Pero para Lojendio y Rodríguez, la idea de que el ábside hoy visible sea el del antiguo monasterio les hace valorar una excesiva antigüedad.  Suponen como más lógico que avanzado ya el siglo, los monjes benedictinos hubiesen reformado el anterior, construyendo algunos de los elementos que han perdurado hasta nuestros días.

ARQUITECTURA
 En la actualidad se trata de una iglesia rural de pequeñas dimensiones relacionada con el monasterio de San Vicente. Se eleva en sillería arenisca -a veces bastante erosionada- tanto en el interior, que aparece con un rejuntado de hormigón moderno, como en el exterior donde hay algunas excepciones: mampostería, en uno de los basamentos de los contrafuertes del ábside, sacristía e hiladas superiores del muro norte (disposición en opus spicatum) y combinaciones (presencia de sillares de caliza blanca dispersos por todos los muros); aunque ocasionalmente también utiliza piedra caliza blanca -en el alero, columnas y capiteles de las ventanas del ábside y portada Oeste, así como en algunos otros elementos decorativos- y piedra de toba. En planta se nos presenta cono una única nave rectangular orientada de Este a Oeste, con ábside semicircular y portada de acceso en el hastial -García Guinea considera que la posición de la portada es una variante de las iglesias de nave rectangular-. Adosado al muro sur está el cuerpo rectangular de la sacristía y junto a él, en el ángulo que forma el presbiterio, la escalera de caracol truncada.
 Semicolumnas adosadas a pilastras y un sistema de contrafuertes simples en el exterior (dos en el ábside, dos en el lienzo Sur y tres en el Vista Interior de la ermita de San Vicente (Ábside)Norte que cobijan dos arcos ciegos - una especie de arcosolios de poca profundidad, de medio punto y sin decoración-) permiten el soporte de las cubiertas: con bóveda de horno y arco de medio punto en la cabecera semicircular, reservando una bóveda de medio cañón apuntado para el presbiterio y la nave.
 En altura destaca una pequeña espadaña-campanario sobre el hastial. Es, sin duda, una obra posterior a la iglesia, construida en piedra de toba y rematada por un acroterio calado, en forma de cruz. Carece de acceso natural, no teniendo conexión con la escalera de caracol truncada. García Guinea expone dos teorías acerca de la posible culminación de la escalera de caracol. Para él, pudo concluirse con un campanario, de un tipo similar al de Santillana, o bien pudiera servir para alcanzar una espadaña existente sobre el hastial Este.
 La fase constructiva dominante y casi exclusiva corresponde al románico. La problemática se plantea al existir una diferencia constructiva entre los paramentos internos y los externos, a juzgar por el entramado arquitectónico y la decoración escultórica. Así pues, según Guinea, lo más antiguo -de la primera mitad del siglo XII- pudiera ser el ábside (coincide con Lojendio y Rodríguez que además señalan como posibles constructores a los tracistas de Santa Eufemia de Cozuelos) y los muros exteriores al menos en su parte baja y media, con influencias de Frómista, justificadas por García Guinea en la utilización abundante del taqueado en las impostas o los cimacios de roleos. La composición y proporciones del ábside se corresponden con una cronología conectada con las corrientes de peregrinación. También se evidencia una unidad constructiva del conjunto en otros elementos de los muros exteriores como pueden ser la portada del hastial y la imposta que recorre esos sillares.
 La segunda fase, ya casi en evolución hacia el gótico, correspondería a la bóveda e interior de la nave, fechable a mediados del siglo XIII. Por lo tanto, García Guinea deduce la posibilidad de que toda la nave de la iglesia, salvo el ábside, fuera construida continuando un alzado inconcluso que se había comenzado años antes por la cabecera, siguiendo el ejemplo de Santa Eufemia. Los capiteles han sido descritos como sencillos, de bolas alargadas o esféricas que apuntan en acantos totalmente lisos. Estos marcan en la cesta unos canales soportando el arco fajón apuntado que delimita los dos tramos de la nave (similares a los del estilo simplificado de los de Mave que sabemos que se fechan justamente en 1200). De cualquier modo, debemos advertir que el edificio sufrió reformas -los paramentos internos y externos del segundo cuerpo de la nave se transforman, desapareciendo en este sector la imposta de ajedrezado que recorría hasta esos momentos todos los muros-; reformas algunas de ellas, mejor intencionada que inteligentemente llevadas a cabo según comenta Navarro. Por último un dato de interés reseñable, es la aparición de varias tumbas de lajas, junto al muro Norte -correspondiente a una necrópolis medieval- como consecuencia del rebaje de las tierras circundantes para proceder al pavimentado de las calles.

FOTOLínea de imposta ajedrezada

Línea de imposta ajedrezada

© Fundación Santa María la Real

ESCULTURA

 El acceso a la única nave del templo se realiza desde la portada que se halla en el hastial. De medio punto, está formada por tres arquivoltas decoradas con motivos geométricos: grueso bocel flanqueado por dos bandas de bolas y taqueados que descansan sobre columnas de fuste monolítico y capiteles labrados en arenisca, que representan dos leones afrontados y un águila con las alas esplayadas. Para García Guinea estos capiteles siguen claramente la línea de los escultores de Cervatos, Santa Eufemia de Cozuelos -en el ábside- y de San Juan de Raicedo (Cantabria). Como Cervatos parece fechado en 1129, argumenta que la primera fase constructiva del románico de San Vicente puede estar próximo a estas fechas, siempre dentro del primer tercio del siglo XII. En el muro sur y en el interior del edificio se abrió en arenisca otra portada, actualmente para dar paso a la sacristía. De arco de medio punto con tres arquivoltas lisas y restos de cimacio vegetal. Se puede plantear la relación de esta puerta con el posible carácter conventual que en origen se atribuye a esta iglesia.
 La culminación de la nave se produce por un ábside que desde el exterior se articula mediante dos contrafuertes que originan tres paños. Cada uno de estos contrafuertes está dividido a su vez, en altura, por dos impostas de ajedrezado de tal manera que resultan dos cuerpos inferiores prismáticos y uno superior formado por columna sobre basa y sencillo capitel de cesta lisa rematada en dos bolas, sosteniendo el alero. Según García Guinea, el coronamiento del ábside parece más moderno, tanto por el aspecto de los canecillos como por los capiteles-ménsulas que tienen una decoración más acorde con los del interior de la nave similares a los de Santa María de Mave. En cada tramo del ábside, se abre una ventana románica con luz de saetera y enmarcamiento exterior con un arco, capiteles y chambrana que repiten los mismos motivos decorativos -bolas, vegetales y ajedrezado- que se dan en la portada. Los capiteles son vegetales (en uno de los casos incluye un simio idéntico a otro en la ventana absidal de San Martín de Frómista) y los cimacios comparten ese motivo, aunque dispuesto en ovas. En la ventana central, el espacio entre el arco de la saetera y el arco de enmarque se decora con un complicado entrelazo vegetal. Este espacio es totalmente liso en la ventana Sur mientras que en la Norte solo hay decoración -muy erosionada- en la pieza que forma el arco de la saetera. Portada de la Ermita
 El alero está sostenido por canecillos de nacela, hay un total de 38 combinados con los de proa de barco que son más frecuentes en la nave. Por último, dos impostas de ajedrezado recorren horizontalmente el muro, una bajo las ventanas y otra como prolongación de los cimacios de las mismas. Pero esta impostación no queda sólo en el ábside sino que continua por los muros laterales y el hastial. Visto desde el interior, el ábside resulta mucho más sencillo, limitándose los únicos elementos decorativos -junto a los capiteles- a dos impostas que recorren los muros, una inferior de ajedrezado -según García Guinea se superpone a los fustes tal como ocurre en Santa Eufemia de Cozuelos- y otra superior lisa decorada con piezas esféricas y sencillos elementos vegetales en el tramo presbiterial.

Autor del Texto: E.J. Rodríguez Pajares 

Enciclopedia del Románico - Fundación Santa María la Real