Junta de Castilla y Leon
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Historia

Cillamayor

Navarro recoge el origen del topónimo en los cilleros que tanta importancia económica y política tuvieron en la Alta Edad Media en las regiones montañosa de la Castilla septentrional. La cilla era el depósito de especies cereales y de una cilla o panera mayor, se originó el nombre de esta aldea.

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FOTOVista general de Santa María la Real

Vista general de Santa María la Real

© Fundación Santa María la Real - CER

FOTOVista interior del templo

Vista interior del templo

© Fundación Santa María la Real - CER

HISTORIA Y DOCUMENTACIÓN:
 La documentación recoge por primera vez este nombre, en la confirmación de la donación de Santa Eugenia de Cordovilla en 1118, en el que aparece como confirmante un tal Analso de Cillamayor.
García Guinea recoge un documento de 1285 que hace referencia a la iglesia, se trata de un privilegio concedido por el Rey Sancho IV al Abad premostratense de Aguilar, cediendo a este monasterio determinados lugares y bienes, entre ellos parte de la iglesia de Cillamayor y los vasallos del mismo lugar. Pero con anterioridad, en 1242, Elvira Fernández, hija de Fernan Pérez dona parte de la iglesia de Cillamayor pro anima. En 1280, Fernan Díaz y otros donan al mismo abadengo pro anima todo cuanto poseen en Cillamayor con su iglesia y sus vasallos.
Por un documento de 1274 comprobamos que el dominio de la abadía de Santa Juliana de Santillana del Mar se extendió hasta las tierras del norte de Palencia. En Cillamayor arrienda el abad Ferrán y su cabildo, la llamada casa de San Millán del Arco.
Rodríguez de Diego identifica la actual localidad de Cillamayor con el Monasterio de Celanova, filial de la abadía premostratense de Santa María de Aguilar de Campoo.
En el libro becerro de 1351-52, Cillamayor figuraba como lugar de abadengo que pertenecía al abad de Aguilar y a la abadesa de San Andrés de Arroyo; y como lugar de solariego que pertenecía a Diego García de Vedoya e hijos, y a Gonzalo González de Guadiana.

FOTOÁbside de la iglesia

Ábside de la iglesia

© Fundación Santa María la Real

ARQUITECTURA:
La planta de Santa María la Real presenta nave rectangular dividida en cuatro tramos, ábside semicircular precedido por presbiterio rectangular y portada abierta al sur.
Toda la fábrica original se erigió con buena sillería arenisca, de tamaño regular y bien escuadrada. También de sillería combinándola con sillarejo, es la fábrica de las construcciones adosadas.
La separación entre la cabecera y la nave se realiza mediante un arco triunfal de medio punto. Se apoya en semicolumnas adosadas a pilastras con interesantes capiteles y cimacios decorados.
El ábside semicircular presenta bóveda de horno ligeramente apuntada, en tanto que el presbiterio y la nave se cubren con bóveda de cañón, ésta es apuntada en el presbiterio. En su interior, dos molduras simples de nacela lo recorren a la altura del arranque de las ventanas y el inicio de la bóveda. La cubierta de la nave se encuentra sostenida por arcos fajones que reposan en ménsulas. El exterior del ábside descarga sus fuerzas en dos pilastras a las que se adosan semicolumnas coronadas por capiteles, dividiendo verticalmente el tambor en tres niveles. El espacio central y el de la epístola, se encuentran abiertos por un vano de medio punto, flanqueado en el interior y exterior por columnillas. Como es habitual, una hilera de canecillos decora el alero que recorre el perímetro exterior del ábside, mientras que el nivel inferior se ve subrayado por un pequeño zócalo o podium bajo. Una moldura circunda todo el hemiciclo a la altura del arranque de las dos ventanas.
Este ábside semicircular es común y característico a toda la geografía del norte de Palencia y Burgos. Tipológicamente se relaciona con las ermitas de Santa Cecilia de Vallespinoso de Aguilar y Santa Eulalia en Barrio de Santa María.
De las tres entradas que debió poseer el edificio, actualmente sólo conservamos una. Es una portada medieval -de fines del siglo XIII o inicios del XIV- abierta en el muro meridional que aparece protegida por un atrio moderno. Está formada por un arco de medio punto rodeado de triple arquivolta que descansa en jambas de codillo. Por encima de ella, se abre una ventana decorada con labra vegetal románica.
En el muro norte, se aprecian restos de arquivoltas y un capitel de una desaparecida portada románica. Se encuentra cegada y casi cubierta por el nivel del pavimento exterior. García Guinea la atribuye un posible carácter conventual. En el sector oeste, localizamos otra portada cegada que no tiene una cronología precisa, aunque pudiera ser medieval.
El último espacio arquitectónico destacable es la torre. Tras el desmoche de la torre tardorrománica, se produjo en los siglos XVII y XVIII su reforma. Es de planta cuadrangular con cuerpo superior de campanas, en la que se detecta el reaprovechamiento de sillares medievales y columnas con capiteles de hojas lisas tremendamente esquemáticos. El acceso es posible mediante una escalera de caracol de reducidas dimensiones.
En una primera campaña -hacia finales del siglo XII o inicios del XIII- se alzó el grueso del edificio tardorrománico reaprovechando una antigua cabecera de la primera mitad del siglo XII. Años más tarde, en una campaña protogótica, se remata la zona superior de la caja muraria rectangular, se fijan los canecillos lisos y se levanta la derruida torre. En el siglo XVII o XVIII se añadió la sacristía, el granero, y quizás, en un momento posterior, el atrio. En 1964, se produce el abujardado de los paramentos. Martín González clasifica este edificio rectangular de capilla mayor con testero curvo, dentro del subtipo de presbiterio muy corto. Relaciona esta iglesia de Cillamayor con San Pelayo de Perazancas, Cabria, Pozancos y Revilla de Santullán. Sin embargo, la cabecera de Cillamayor parece mucho más próxima a San Vicente de Becerril del Carpio.

FOTOImagen de Santa María la Real

Imagen de Santa María la Real

© Fundación Santa María la Real - CER

ESCULTURA:
En el interior del templo la decoración escultórica se reduce especialmente a la existente en los capiteles del arco triunfal. Es bastante semejante a la de algunos capiteles de Santa Eufemia de Cozuelos y Cervatos. En el del evangelio, se tallaron dos águilas con las alas explayadas de tosca labra (según García Guinea es un motivo característico de las iglesias de la primera mitad del siglo XII del románico montañés) y cimacio en altorelieve, que representa una especie de conejos mordiéndose las patas entre elementos vegetales. El águila, que es un tema habitual en el románico santanderino (Bolmir, Castañeda, Raicedo), también aparece en tierras de Palencia (San Vicente de Becerril del Carpio). El de la epístola, con leones afrontados en las esquinas a tres niveles, recuerdan a García Guinea los ya vistos en Frómista y Cozuelos. Sería posible extender esta filiación al interior de Matalbaniega. El cimacio de decoración vegetal se puede emparentar con una ventana absidal de Pisón de Castrejón.
En cuanto al exterior, la escultura se localiza en tres lugares muy concretos. En las ventanas del ábside y muro meridional, en los canecillos del ábside y nave, y en la portada abierta en el muro sur.
Las ventanas abiertas en el ábside están formadas por arquivoltas de medio punto, de caveto la interna y de bocel y caveto la más externa. Los capiteles tienen una decoración simple. Uno, con hojas de palma rematadas por una gran bola. El otro, con un arco de palmas formado con dos vástagos que se unen en lo alto por una bola. En el interior parece repetirse la misma disposición. La talla podría relacionarse con algún capitel de San Vicente de Becerril del Carpio. La ventana meridional, con doble arquivolta de medio punto tiene decoración vegetal con acantos carnosos que recuerda los arquetipos de Rebolledo de la Torre y Vallespinoso. Descansa sobre una pareja de columnillas con capiteles de pequeñas volutas en lo alto más similares a los del ábside.
E Imagen de San Roquen cuanto a los canecillos, podríamos agruparlos en diversos tipos. Los más modernos en forma de proa de nave, en los muros norte y sur; o figurados -un total de 17- a lo largo de la cornisa del ábside y del presbiterio, los más viejos. De entre estos últimos destacamos: Un hombrecillo sentado que parece tocar una doble flauta. Este instrumento, al igual que la flauta recta, la traversa..., están frecuentemente representados en las iconografías medievales y recogidos en las citas literarias. Un guerrero, un sodomita, uno de tipo fálico, un arpista. También aparecen decorados de figuras zoomórficas (un perro, una liebre, una cabra montesa, una serpiente), y finalmente, algunos de nacela con un rectángulo inscrito.
Por último hemos de hablar, de la portada abierta en el muro sur. Es de tres arquivoltas apuntadas, una de boceles y otra de bolas. La cegada del lado septentrional posee guardapolvo vegetal y deja entrever su capitel izquierdo con un tema figurado no discernible.

PILA BAUTISMAL:
La pila bautismal existente en el templo es moderna sin ninguna originalidad y completamente lisa. Esta pila sustituyó a una original románica que se encuentra actualmente en la colección particular de Don Eugenio Fontaneda. Según Lojendio y Rodríguez, los restos románicos conservados en esta iglesia responden a escuelas comarcales del norte de Palencia, no teniendo conexión estilística con esta pila.
Su forma es troncocónica y se alza sobre un zócalo de piedra con fuerte chaflán que parece de factura moderna. Su estructura nos recuerda las que se utilizaban para el bautismo de inmersión. Este tipo de bautismo se administraba en época románica, como puede verse en una pintura de San Juan de Uncastillo (Zaragoza) y en un capitel del claustro de San Pedro el Viejo, en Huesca. Aunque por otra parte se la considera obra muy tardía, de cuando esa práctica bautismal había caído en desuso.
En cuanto a su decoración, gran parte de la superficie es lisa y sólo está tallada en su frente. El tema central es un cuadrado de gran entrelazo, adorno medieval muy generalizado en los códices miniados. Su talla es profunda y forma un gran laberinto en torno a una cruz que ocupa el centro. A su lado, está esculpida una figura humana en bajorrelieve con tratamiento arcaico y esquemático. Se caracteriza por no tener rasgos para su individualización y por vestir una especie de camisa y un faldellín. Su mano izquierda se extiende hacia el entrelazo decorativo y con su derecha parece sostener el instrumento con el que ha tallado la piedra. Para Lojendio y Rodríguez esta figura es una alusión al autor, que con la mano izquierda indica cual es su obra. Esta autoría corresponde a Pedro de Cilla como nos lo indica el epígrafe fácilmente legible que aparece en el otro extremo del entrelazo ME FIZO PEDRO DE CILLA.
Tras un breve análisis de estos datos, puede considerarse esta obra dentro del ámbito local más reducido. Su primitivismo es más fruto de una rudeza rústica tardía que indicio de auténtica antigüedad. Esta argumentación encuentra apoyos, en la firma de la pila en castellano y en el estudio comparativo de la indumentaria de la figura humana. Para Lojendio y Rodríguez, estos argumentos les induce a fechar la pila en el siglo XII, cronología que pudiera adelantarse todavía más.

IMAGINERÍA:
A la izquierda del ábside, relacionada con la advocación del templo, encontramos una bella Virgen Gótica sedente con el Niño sobre su rodilla izquierda que sigue el tipo de la Virgen de los premonstratenses de Aguilar. El Niño tiene un libro en su mano izquierda y la Virgen una poma en la diestra. Realizada en madera policromada, 130 cms. de altura y 35 de diámetro, con corona de plata y repintes modernos. Navarro la fecha en el siglo XII, en tanto que los autores del Inventario la fechan en la primera mitad del siglo XIV. Estos mismos autores datan del siglo XVII una escultura de San Roque.

Autor del texto: Emilio José Rodríguez Pajares

Enciclopedia del Románico - Fundación Santa María la Real - CER

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