Junta de Castilla y Leon
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Ermita de San Andrés


Matabuena

Ermita de San Andrés

FOTOVista general del templo

Vista general del templo

© Fundación Santa María la Real- CER

La localidad de Matabuena se incluía dentro de las posesiones que tenía el monasterio de Santa María de Aguilar de Campoo desde el curso del río Rubagón hasta el Pisuerga. Consta en un documento que en 1284 Fernando García, hijo de Guillem Fernández Duque, donó al monasterio aquilarense sus heredades en varios lugares, entre los que se cita Matabuena. A mediados del siglo XIV, sin embargo, el Becerro de las Behetrías recoge la localidad de Matabuena como mitad solariego de los hijos de Ferrando Díaz Duque y mitad abadengo del monasterio de San Andrés de Arroyo.

FOTOEntorno de Matabuena

Entorno de Matabuena

© Fundación Santa María la Real- CER

ARQUITECTURA
La iglesia de San Andrés de Matabuena, construida en su mayor parte en excelente sillería arenisca de grano fino y vetas amarillas y rojizas, se nos presenta como fruto de dos campañas constructivas principales y varias reformas posteriores que más adelante precisaremos. Probablemente, la estructura original del templo era de nave única con cabecera cuadrada, a la que da acceso un arco triunfal apuntado y doblado que reposa en columnas adosadas pareadas. La portada se abría en el muro meridional de la nave y daba luz a la cabecera una ventana abierta en el eje del ábside.
Esta estructura fue notablemente alterada posteriormente, añadiéndose a la nave una colateral al sur abierta a la principal por dos formeros apuntados y doblados que reposan en un pilar cruciforme. La portada románica fue desplazada y remontada en su actual ubicación, respetándose la parte alta del muro sur de la nave y la hilera de canes que soporta su cornisa. A esta misma campaña se adscriben las reformas que dieron a la cabecera su actual aspecto, respetando la ventana y el perímetro de la original pero añadiendo la bóveda de crucería octopartita sobre ménsulas que la cubre y los contrafuertes prismáticos de las esquinas. La nave se cierra con cubierta de madera a dos aguas - posiblemente el mismo sistema de la original tardorrománica - y la colateral a un agua como prolongación de la anterior. La concentración de los sillares de talla y glíptica románicas en el testero de la cabecera y en el muro meridional de la colateral deja patente la importancia de las reformas adscribibles a esta segunda campaña. Sobre el muro del hastial se alza la espadaña, de dos cuerpos decrecientes, el superior con dos troneras y remate con campanil. En época moderna se adosa al hastial la caja de la escalera que da acceso al cuerpo de campanas.
En la primera mitad del siglo XIX se transformó la colateral sur en pórtico, cegándose los formeros con mampostería y condenando la portada románica, que quedó, ya sin función, integrada en el recinto del cementerio adosado al costado sur del edificio. La nueva distribución de espacios aparece datada por una inscripción grabada en el dintel de la puerta que da acceso a la nave: SE REEDIFICO SIENDO CURA D. MATEO BIELBA. AÑO DE 1840.

 

FOTOPortada románica cegada

Portada románica cegada

© Fundación Santa María la Real- CER

ESCULTURA
La decoración escultórica románica del edificio se concentra en los capiteles dobles del triunfal, la ventana absidal, la hilera de modillones del alero y la portada meridional.
La pareja de capiteles dobles que recogen el arco de triunfo, ambos inacabados en las caras que miran al altar, reciben decoración vegetal a base de dos hileras de hojas ensiformes de puntas entrelazadas. Se trata de una versión seca y degenerada de un tipo de cesta que encontramos, entre otros lugares, en la galería porticada de Rebolledo de la Torre (Burgos). Los dados del ábaco se decoran con arquillos a modo de triglifos, los cimacios son lisos y las basas presentan perfil ático con lengüeta.
Al exterior, la ventana abierta en el eje del ábside se dispone alrededor de una estrecha saetera y presenta dos arquivoltas de medio punto molduradas con bocel entre medias cañas. La interior apoya en una pareja de columnas rematadas por capiteles decorados, el izquierdo con una hoja de acanto que acoge una bola en su punta y el derecho con una pareja de aves.
Los canecillos que soportan la cornisa del muro meridional de la nave románica se decoran con variados motivos, entre los que distinguimos un personajillo barbado mostrando los genitales, un cuadrúpedo rampante de fina cola, dos hojas de acanto de nervio central decorado con banda de contario y el resto geométricos: uno de rectángulos concéntricos, cuatro de doble rollo, tres con perfil de proa de barco y tres de nacela.
La portada meridional, hoy semienterrada y únicamente accesible desde el recinto del camposanto, consta de arco de medio punto alrededor del cual se disponen tres arquivoltas que apean en jambas coronadas por cimacio corrido decorado con palmetas. De interior a exterior, la primera arquivolta se decora con friso de cuadrifolias inscritas en círculos y botones en la media caña, la mediana con celdillas romboidales y la externa recibe tres hileras de billetes.
Estilística y tipológicamente los restos escultóricos conservados nos llevan a una fase tardía del románico, propia a los años finales del siglo XII o inicios del XIII, en la que se reciclan modelos establecidos por las grandes realizaciones del último tercio del siglo XII. Un ejemplos de esta corriente disolutiva del estilo románico comparable a éste de Matabuena los encontramos en la portada de la iglesia de San Juan Bautista de Matamorisca.

 

FOTOBienes muebles en Matabuena

Bienes muebles en Matabuena

© Fundación Santa María la Real- CER

ORFEBRERÍA
En el interior del edificio se conserva una cruz procesional gótica, de plata, fechable en el siglo XIV. Es del tipo, tan frecuente en la diócesis burgalesa a fines de la Edad Media, de brazos flordelisados con fondo de decoración vegetal cincelada de hojas de hiedra y punteado en anverso y reverso a los que se fijan con clavos las placas con los personajes. En el anverso aparece el crucificado, de tres clavos, con paño de pureza de pliegues horizontales y piernas ladeadas. A ambos lados aparecen las figuras de la Virgen y San Juan y, sobre Cristo, otra figura similar a las anteriores, sin atributos que permitan su identificación. Bajo el crucificado vemos a Adán en actitud orante saliendo del sepulcro. Cuatro placas más, probablemente con el letrero de la cruz y representaciones de Dimas y Gestas y la escena del Descenso a los Infiernos, fueron substraídas en los años setenta.
En el reverso, todo trabajado a cincel, se dispone en el centro el Agnus Dei rodeado por el Tetramorfos con filacterias identificativas, aunque aparecen errores en las atribuciones.

Autores del Texto: José Manuel Rodríguez Montañés - Pedro Luis Huerta Huerta

Enciclopedia del Románico - Fundación Santa María la Real