Junta de Castilla y Leon
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Memoria Histórica

Ermita de San Juan Bautista

FOTOVista general del templo

Vista general del templo

© Fundación Santa María la Real - CER

El topónimo de esta localidad puede estar en relación con la naturaleza abandonada de matas que ofrece este territorio. La primera referencia escrita de Matamorisca se encuentra en un documento de 1042, una donación particular al monasterio de Santa María de Aguilar. En el libro becerro de 1351-52, Matamorisca se encuentra en el alfoz de Aguilar y pertenece a Don Tello.

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FOTOPinturas murales en el interior del templo

Pinturas murales en el interior del templo

© Fundación Santa María la Real - CER

ARQUITECTURA
En la actualidad, la iglesia de San Juan Bautista de Matamorisca se presenta como un edificio rectangular, de dos naves separadas bien por pilastras, bien por columnillas y pilares, y se culminan ambas con testero plano. Esta iglesia será construida posiblemente en dos fases medievales contiguas (mediados del siglo XII e inicios del XIII), aunque varias adiciones y reformas de los siglos XVI y XVII han alterado de forma importante la fisonomía original del edificio.
Aunque está erigido en diferentes campañas, los materiales y el aparejo utilizado en todas ellas es bastante uniforme. En el interior, los muros están parcialmente revocados, sin que ésto impida apreciar la sillería arenisca, utilizada también en la totalidad de los paramentos del exterior. únicamente los capiteles de friso que decoran la actual portada se hallan trabajados en caliza blanca.
La nave de la epístola presenta un ábside cuadrado con saetera cegada. Esta es una de las partes más antiguas de la iglesia que se comunica con el único tramo de la nave mediante un arco apuntado de tradición románica. Ambos se cubren con bóveda de crucería simple. El otro cuerpo, el del evangelio, tiene ábside ligeramente rectangular comunicándose a través de un arco de medio punto postmedieval con los dos tramos de la nave, de proporciones muy desiguales, protegido todo por bóveda de crucería de combados y terceletes. La capilla absidal del evangelio contacta con la cabecera de la epístola por un gran arco apuntado de traza gótica. Una puerta adintelada es la encargada de relacionar el espacio de la sacristía, cubierto por bóveda de crucería estrellada -siglo XVII- con el ábside del evangelio. En el hastial de la epístola se encuentra el recinto del antiguo baptisterio y a los pies del evangelio aparece el típico coro alto de madera.
Delimitada entre dos gruesos contrafuertes prismáticos y resaltada sobre el muro sur, se abre la portada principal de acceso al templo, cubierta por un tejaroz con alero de bolas. Es de arco apuntado, de trazado gótico tardío, con chambrana lisa y cuatro arquivoltas de sencillas molduras donde alternan boceles y cañas, descansando sobre jambillas tardogóticas de fines del siglo XV con banco o podium. En los muros oeste y norte, se aprecian restos de puertas cegadas que conservan algunas dovelas y dos impostas, en las cuales se ha mantenido decoración de taqueado que nos recuerda la portada del cementerio de Matabuena. A los pies de la iglesia, en el hastial del evangelio apreciamos un gran arco apuntado, liso y cegado, siendo difícil saber si pudo ser un acceso medieval a la iglesia o un arco de descarga ya que las reformas posteriores han alterado sustancialmente el sector.

FOTOPortada del templo

Portada del templo

© Fundación Santa María la Real - CER

Exteriormente los muros apoyan en varios contrafuertes de diferentes épocas. Únicamente en el muro sur observamos una marca de cantero muy deteriorada, de las cuatro que llegó a ver Navarro en la realización de su catálogo, no precisando su localización.
El edificio posee una torre que fue antigua espadaña, situada a los pies de la nave del evangelio, de planta rectangular, con dos cuerpos separados por una imposta de nacela con bolas. En el muro occidental del cuerpo inferior cegado, se abre una puerta postmedieval de pequeñas dimensiones. Ésta posibilita el acceso a una escalera de caracol articulada en dos tramos que nos permite llegar al remate de la torre. El segundo cuerpo tiene cuatro troneras de arco de medio punto, las dos que miran al este parecen las originales románicas de la primitiva espadaña, a pesar de carecer de cualquier tipo de decoración o moldurado. Las del oeste, objeto de transformación en época barroca al plantear una torre, tienen impostas de listel y claves con representación en relieve de las llaves de San Pedro. Se encuentra cubierta por una pequeña bóveda de cañón apuntado y con vertiente exterior a dos aguas.
La dificultad de datación del conjunto se acrecienta debido a la enorme cantidad de añadidos y reformas. Podemos plantear la hipótesis -aunque con enormes dudas- de dos campañas románicas en el templo. De confirmarse esta idea, nos inclinamos por la existencia inicial de la nave norte (queda parte del muro septentrional con sus canecillos y una pequeña portada), a la que pocos años después se le añade la nave sur que remata en canecillos de nacela (se observan restos de una portada, parte del muro meridional y ábside). Un argumento que apoya esta idea, es la existencia de muros adosados y engatillados en ambas construcciones, en el momento del añadido de la espadaña románica, haciéndonos pensar en dos momentos constructivos distintos con diferencia cronológica mínima. Tanto si se tratara de una fase románica -o fases románicas- habría que encuadrar su fábrica en torno a los años centrales del siglo XII, correspondiendo con parte del muro primitivo septentrional. El muro sur y la torre parecen posteriores. Los paramentos orientales y meridionales, en la zona del ábside de la epístola corresponderían a una reforma tardogótica.
Seguramente, en el siglo XVI -a juzgar por el tipo de los arcos interiores- se operan grandes cambios en el edificio con reestructuración de las dos naves: reparación de los paramentos, reformas de los aleros, adición de la portada principal, apertura de una ventana en el muro sur e inclusión de gran parte de los abovedamientos y soportes. Sin embargo, es imposible precisar si estas reformas responden a un planteamiento común o se realizan en diversos momentos. Existe constancia documental de la intervención del cantero Juan de Monasterio con anterioridad a 1570.
Posiblemente un derrumbe parcial de la espadaña obliga, ya en época barroca, a acometer una reforma de la torre que incluye la transformación de las dos troneras de poniente y la creación de la escalera de caracol. En el siglo XVII se añade el cuerpo de la sacristía, que está en relación con otras salas que se construyen en la comarca entre los siglos XVII y XVIII.

 

FOTOEntorno de la Ermita

Entorno de la Ermita

© Fundación Santa María la Real - CER

ESCULTURA
La decoración escultórica del edificio refleja la posible duplicidad de campañas tardorrománicas y los grandes cambios operados en época gótica.
De confirmarse la idea de dos períodos románicos, la primera etapa (mediados del siglo XII) se caracteriza por la portada cegada septentrional y los canecillos figurados situados en el mismo muro norte, algunos de ellos decorados con representaciones humanas y, sobre todo, con formas husiformes de aire fálico semejantes a los de Matalbaniega. En un segundo momento, pocos años después, se añadirá la espadaña con sus canecillos avolutados y la cornisa romboidal. Separando los dos cuerpos de la espadaña, se encuentra una imposta de perfil nacelado con bolas. Es una prolongación de la nave septentrional como lo demuestra la cornisa sostenida por tres canecillos nacelados con remates en rollo situados en el lateral norte. En el cuerpo inferior, al lado del arco apuntado cegado, observamos un solitario canecillo figurado cuya imagen es imposible de determinar dado el fuerte grado de erosión en que se encuentra. El muro sur presenta ocho canecillos totalmente góticos.
La decoración gótica del interior se base en esquemas decorativos con temática vegetal -a veces con alguna representación humana- en los capiteles de friso góticos que soportan las bóvedas. En el exterior, la decoración se localiza, en los capiteles de la portada, son simples frisos que a veces adoptan forma cilíndrica, decorados con caras o motivos vegetales. Tanto el interior como el exterior del ventanal gótico abierto en el muro Sur, se encuentra decorado con pilastrillas cilíndricas y capiteles de cinta con motivos vegetales.
Según Hernando, no fue extraña la itinerancia de maestros trasmeranos por tierras de la montaña palentina (Aguilar de Campoo, Colmenares, Herreruela de Castillería, Estalaya, Corvio, Quintanilla de la Berzosa o Matamorisca) participando en la decoración escultórica de sus portadas, ventanales o capiteles, consiguiendo una decoración seriada, de rápida ejecución y económicamente accesible.

REVESTIMIENTOS PICTÓRICOS
Fruto de la moda de dejar la piedra a la vista, se efectuó un picado en la mayoría de los muros, venciendo el enlucido que hasta hace pocos años conservaba el edificio. Esta labor debió efectuarse con escasa profesionalidad, verificándose cuando gran parte de los muros habían sufrido la limpieza que la última capa de cal ocultaba una serie de pinturas murales de cronología tardogótica, pudiéndose salvar una serie de paneles.
Entre éstas: una figura femenina, encontrada en el muro norte de la nave del evangelio, seguramente una santa que pertenecería a una escena más amplia. En el frente occidental del pilar central, presenciamos la escena de la Crucifixión, San Juan y la Virgen. Y sin determinar la representación, ya que aún está casi totalmente cubierto por las últimas capas de revoco, se encuentra una gran escena en el ábside de la epístola, en la parte superior del muro sur. Parece probable relacionar estas pinturas con la labor del denominado Maestro de San Felices, activo durante el último cuarto del siglo XV en varios templos del norte de Palencia y sur de Cantabria (Valberzoso, Olea, Mudá, San Cebrián de Muda o San Felices de Castillería).

IMAGINERÍA
La iglesia posee dos retablos, uno ubicado en el ábside de la epístola y el otro, en el ábside del evangelio. En este último, aparece una imagen masculina de madera policromada, barbada, no identificada, portando un plato en la mano. Navarro la describe como una extraordinaria estatua en madera de San Juan, policromada, hierática, con túnica de pliegues rectos desde los hombros hasta los pies.... Pensamos que las características románicas que atribuye el autor del Catálogo Monumental a esta imagen, no son sino un elemento constante de las tallas de madera de producción localista, presentes incluso hasta en época tardogótica, momento en que habría que datar esta obra. De las otras imágenes que conserva la iglesia no se encuentran dos que Navarro llegó a ver y describir Una antigua Virgen gótica, dorada, sedente, con el Niño en brazos y que desde tiempo inmemorial estaba ridículamente vestida... y Una Virgen sedente de la serie inmemorable de las del país. Es del siglo XII, con pomo en la mano, coronada de florones y ropajes plegados. La efigie es mayestática.

Autor del Texto: Emilio José Rodríguez Pajares

Enciclopedia del Románico - Fundación Santa María la Real