Junta de Castilla y Leon
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Memoria Histórica

Iglesia de San Juan Bautista

FOTOVista general del templo

Vista general del templo

© Fundación Santa María la Real - CER

La pequeña y hoy prácticamente abandonada población de Respenda de Aguilar se sitúa en el extremo nororiental de Palencia, frontera ya con el límite provincial con Burgos y a unos 14 kms. al este de Aguilar de Campoo. El templo parroquial -hoy abandonado y ruinoso- se emplaza en el extremo del caserío. La magnificencia del paisaje contrasta con el pobre y austero aspecto externo de la construcción.

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FOTOPortada

Portada

© Fundación Santa María la Real - CER

Desde esta localidad se accede hasta el lugar a través de la carretera a Burgos, que abandonaremos en el desvío a la izquierda pasado el pueblo burgalés de Fuencaliente de Valdelucio. A partir del cruce, el camino, que asciende hacia los Páramos de la Lora, se convierte en empinado y sinuoso. De Respenda dice el Becerro de las Behetrías que era aldea de Aguilar y sus habitantes vasallos de don Tello. A mediados del siglo XIX era aldea agregada al ayuntamiento de Villarén de Valdivia. La iglesia parroquial, dedicada a San Juan Bautista, es templo de nave única, cubierta con bóveda de cañón apuntado y articulada en tres tramos por igual número de fajones también apuntados y doblados. Se conserva la estructura original tardorrománica, con cabecera rectangular abovedada con cañón apuntado corrido a menor altura que la nave y portada abierta en el hastial, enteramente revocada y compuesta de arco de medio punto rodeado por dos arquivoltas lisas y chambrana biselada, el conjunto reposando sobre jambas lisas fruto de reformas modernas. A esta estructura original se vinieron a añadir, posiblemente en el siglo XVIII, dependencias anexas como la sacristía -parcialmente hundida- que se adosa al muro septentrional de la nave, el atrio rectangular cerrado y el trastero que enmascaran el cierre occidental del edificio, la capilla bautismal y la espadaña de mampostería que se alza sobre el hastial, probablemente en sustitución de la románica original y compuesta de dos troneras de medio punto y remate en piñón con campanil.

 

FOTOVista del interior

Vista del interior

© Fundación Santa María la Real - CER

Destaca la absoluta ausencia de escultura monumental al interior, pues tanto los pilares adosados que soportan los fajones como los correspondientes al arco de triunfo carecen de semicolumnas. Únicamente se conservan restos de una imposta con perfil de nacela bajo el arranque de la bóveda, en el paramento interno próximo a la cabecera. Bajo las modernas pinturas que recubren las cubiertas se advierten restos de otras más antiguas, simples trazos ocres imitando el despiece de la sillería.
Al exterior, en cambio, se conserva en la cabecera, más baja y estrecha que la nave, una serie de modillones bajo la cornisa biselada. La mayoría están pésimamente conservados, siendo alguno liso y otros con sumaria decoración geométrica: rollos, rectángulos escalonados, perfil de proa de nave, etc. Sólo uno de ellos es figurado y pese al desgaste del relieve parece distinguirse en él una tosca ave.
Pero la modestia de lo analizado quedará compensado por el descubrimiento, en el interior del edificio, de un interesante ejemplar de pila bautismal, contemporánea de la erección del templo. Se ubica en la capilla abovedada abierta en el muro meridional, próxima a la entrada y presenta copa troncocónica invertida de 0,92 mts. de diámetro y 0,54 mts. de altura, siendo moderno el pie sobre el que se asienta. El borde aparece decorado por una cenefa con dos cintas perladas y entrelazadas que acogen hojarasca y un friso de tetrapétalas separadas por parejas de hojitas anudadas. Este tipo de cenefa es frecuente en la ornamentación de pilas bautismales, así en las de Rebanal de las Llantas, Cantoral, etc. La copa aparece totalmente recubierta por un friso corrido en el que se desarrollan las siguientes escenas: el combate entre un enorme y desproporcionado dragón alado de cola enroscada que es atacado por dos infantes; el primero, tras la bestia, viste una túnica larga y blande una especie de maza y el segundo, ataviado con cota de malla, asesta un golpe con su espada en la cabeza del dragón, que muerde el escudo oblongo con el que se protege. Este asunto y composición lo vemos repetido con algunas variantes en la pila bautismal de Cantoral de la Peña y en un relieve de Vallespinoso de Aguilar. Tras esta escena de lucha aparecen tres personajes en posición frontal bajo arquillos, todos vestidos con gruesos mantos de pliegues en acordeón, concéntricos y escalonados, bajo los que se advierten los pliegues en tubo de órgano de sus túnicas. Presentan cabezas ovoides con cabellera partida simétrica y rasgos faciales idénticos, con grandes ojos almendrados, surcos naso-labiales excavados, llevando barbas cortas los dos del lado derecho. Su actitud es estática, en posición frontal, y portan objetos de difícil identificación que sostienen con ambas manos contra su pecho, sin que exista ningún elemento que ayude a esclarecer el sentido de la escena. El primero de ellos lleva un objeto circular, el central otro semicircular de mayor tamaño y el de la derecha uno rectangular. Una escena similar, con igual número de personajes, aparece en la pila bautismal de Cantoral de la Peña, aunque aquí los objetos parecen ser libros. Completa la ornamentación la lucha de una pareja de leones, el izquierdo rampante y alado apoyando sus garras sobre el lomo del otro felino, que vuelve su largo y desproporcionado cuello hacia su agresor.
En definitiva, de la iconografía desarrollada no podemos extraer un mensaje preciso sino que tenemos la impresión de encontrarnos ante una colección de motivos extraídos bien de la experiencia visual del escultor, bien de un libro de modelos, sin que exista una intención narrativa en el conjunto. Tanto la iconografía como la descuidada composición y el tosco relieve, que llega a la talla en reserva en algunos casos, recuerda otros ejemplos norteños, como la ya citada pila de Cantoral -con la que los paralelos son evidentes-, el ejemplar de Valcobero o la conservada en la parroquial de Rebanal de las Llantas, muestras todas de la actividad de escultores locales en una fase disolutiva dentro del estilo románico que podemos fechar entrado ya el siglo XIII.