
Ya Madoz en su “Diccionario geográfico – estadístico – histórico de España y sus posesiones de ultramar”, señalaba en Ailanes “una ermita, construida en medio de dos barrancos, en la que se dice misa los días festivos”.
En la década de 1950 se celebraban romerías en esta ermita, a las que acudían gentes de pueblos distantes; allí se celebraba la fiesta de la Natividad de Ntra. Sra., 8 de septiembre, que coincidía con las ferias del pueblo, y otras fiestas en el mes de mayo, como las Primeras Comuniones de los niños de Aylanes, Barriolacuesta y Robredo de Zamanzas.
Parece que se mantuvo con su cubierta en pie hasta el incendio acaecido a comienzos de la década de 1990. Antes, sobre 1980, el Arzobispado había retirado dos esquilones de la torre y algunos elementos de culto -la imagen de la Virgen, de las llamadas de maniquí, quedó en la Iglesia Parroquial- lo que nos da idea del deterioro que debía presentar ya el edificio.
Arquitectura
A pesar del lamentable estado de conservación en el que se encuentra, es fácil adivinar el volumen original del inmueble. La ermita de la Virgen de la Cuesta se compone de una sola nave, con torre a los pies y sacristía abierta en la cabecera a menor altura que la nave, como ya hemos podido ver en otras ocasiones en edificios coetáneos. A simple vista, el grueso del edificio parece haber sido construido en una sola campaña en torno al siglo XVI, como demuestra su cabecera cuadrada con contrafuertes adosados en sus esquinas y los arranques de bóvedas de crucería en los dos tramos de la nave que se mantienen, así como los arcos formeros que separan estos dos tramos.
En algunos de los paramentos son visibles restos pictóricos de tonos rojizos y formas geométricas, cuya datación no podemos confirmar debido a la simplicidad del dibujo y a los pocos restos conservados.
La torre campanario es quizás la parte que mejor se ha conservado. De estructura cuadrangular, su imagen se adapta perfectamente a los cánones renacentistas en los que parece haber sido construido todo el edificio.
Se disponen tres cuerpos en orden decreciente, prismático, con una muy marcada separación entre ellos. En la parte superior, se abre un único hueco de campanas. El acceso a ellas se realiza mediante un husillo perfectamente conservado, que se encuentra situado en el interior de la torre, sin que podamos apreciar su volumetría desde el exterior.
El ingreso se encuentra a los pies de la iglesia, bajo la estructura del coro, a través de una simple puerta adintelada. Para acceder al coro alto, se llega directamente desde la misma escalera de caracol que conduce al cuerpo de campanas, desde la cual se abre otra puerta idéntica a la que encontramos en el coro bajo.
Desde el exterior podemos apreciar una típica portada renacentista, con una tipología de las llamadas carmelíticas, compuesta por una puerta en su parte inferior, generalmente semicircular, sobre la que se sitúa un segundo cuerpo en el que se abre una hornacina, donde se colocaba una imagen, generalmente con la advocación a la que estaba dedicado el inmueble. Hoy no conservamos más que la estructura general de esta portada y la maleza existente nos impide su contemplación plena.
El cementerio adosado al Norte, una estructura posterior, posiblemente del siglo XVIII, es la única parte que continúa cumpliendo la función para la que fue creada, pues los vecinos continúan enterrando allí a sus difuntos.
Imágenes estado inicial